El Círculo se disolvió entonces después de salvar la ciudad de Celerán, y recordaron el acuerdo que habían hecho semanas atrás, de reunirse en el de la temporada de Agua Ascendente en la ciudad de Nexo, en la posada donde se habían conocido. Todos se iban con un sentimiento agradable, de haberse acercado – de una forma u otra – a sus objetivos.
Dante e Invictus partieron en dirección a Nexo; Ángelo se retiró silencioso como siempre; Cho´Gath iría rumbo a Timidez; Ezreal había decidido seguir investigando la cura a todas las enfermedades; Reik en cambio ya debería estar llegando a la Isla Bendita.
Transcurridos los tres meses, el Círculo volvió a reunirse en Nexo. Todos llegaron el día acordado, e inmediatamente el ambiente se alegró. Entre las tonadas de Invictus y las risas de Gath la reunión se volvió bastante festiva. Además, los acompañaba un curioso invitado: uno de los niños al cuidado del Rastreador, que fue presentado como Vaio, fue testigo de los relatos de los héroes.
Invictus relató cómo su culto prosperaba y crecía en Celerán, y le comentó a Reik que se había encontrado con Gath en Talcahuano un mes y medio antes, aproximadamente. En esa oportunidad Gath se dirigía a Chiaroscuro, le contó el Rastreador, y se trataba de cuando fue a buscar a Vaio. También todo había salido bien para el Solar de la casta de la Noche.
Teppet fue menos esperanzador en su relato: mientras se encontraba en la Isla, el rumor de que un feudo, uno de los tantos en los Cien Reinos, se estaba empezando a levantar en una campaña militar y de conquista que resultaba preocupante. El nombre de aquella provincia era Imperio Narcés. Aparentemente ahora era dirigido por un Anatema, pero uno bastante fuera de lo normal…
Mientras la conversación giraba en torno a esa amenaza, Gath les comentó acerca de otra situación, distinta en su entidad, pero igualmente preocupante: había tenido un extraño sueño, en el cual percibía como su deseo, su motivación, había sido en otra época cumplida por él y un aliado. En ese sueño dicha vivencia era superlativa, y no cabía duda de que era en realidad un recuerdo. Lo terrible era que un mes más tarde, había tenido otro sueño, una verdadera pesadilla, en la cual se daba cuenta cómo es que dicho compañero ya no existía; su ayuda se había desvanecido.
Sobresaltado, Reik le respondió: – Pensaría que fue sólo una pesadilla, de no ser porque yo, mientras estaba en mi hogar, desperté una noche sobresaltado y llamando a mi mujer… por otro nombre. Intento recordar cuál era ese nombre, pero me resulta imposible. Y francamente me es perturbador pensar en una situación así.
El silencio reinó en la mesa hasta que Invictus comentó: – Mejor que tu mujer no te haya oído, o te habrías metido en problemas.
Luego de la broma el ambiente se alivianó un poco. Pero ninguno de los presentes pasó por alto que de una forma u otra, situaciones de visiones se les aparecían como mensajes.
Con estos dos nuevos problemas encima, el creciente Imperio Narcés y las extrañas visiones, acordaron partir a la mañana siguiente rumbo a los Cien Reinos a averiguar qué ocurría; quizás ambos asuntos estaban relacionados, quizás no. Pero era evidente que ambos resultaban importantes, y debían ser investigados.
Se reunieron en la mañana, y Cho propuso ir en barco río arriba. Para suerte de ellos, el Trovador Marino se encontraba en dichas latitudes, y partiría en la misma ruta. Dicha nave era de propiedad de un amigo del Solar, y aceptó llevarlos hacia las proximidades.
Séneca, el capitán del navío, era un ser sumamente extraño. Mientras que su cuerpo era aberrante, con la piel verdosa cubierta de escamas y con tentáculos como los de un calamar bajo su nariz, la opulencia de su vestir, de su camarote y sus gustos revelaban que era un hombre que sabia disfrutar de los manjares que el dinero – y a veces la fuerza – podía conseguir.
El capitán les comentó que la situación río arriba se ponía cada vez más difícil, y que en las proximidades del Imperio Narces llegaba a ser dramático; nadie se atrevía a acercarse a esa zona, y mientras iban avanzando observaron como las naves que iban a favor de la corriente venían con averías y signos de lucha. Realmente algo grande estaba ocurriendo en la zona de los Cien Reinos.

Cuando llegaron al lugar donde Séneca había acordado dejarlos, siguieron a pie en dirección al que sería su primera parada en la investigación: una torre de vigilancia del Reino que se encontraba en esa zona. La torre verde. Invictus comentó que probablemente habría bandidos, por lo que debían ir preparados para lucha. Reik se ciñó su armadura completa y partió sobre su veloz montura-reptil, lo suficientemente rápido como para llegar al lugar antes de que ocurriera algo atroz.
La torre estaba bajo asedio, cañonazos rompían la quietud del lugar y el estruendo de la lucha les llegaba con el viento. Los solares aceleraron la marcha, para llegar justo cuando la torre estaba desmoronándose y los enemigos se aprestaban para desembarcar y asesinar a los heridos.

Reik se adelantó y confrontó a quien dirigía la avanzada, con la autoridad y presencia que su alta posición le otorgaban: “¿Quiénes son ustedes que se atreven a atacar a los ejércitos del Reino? Hablen rápido y más vale que sus razones sea buenas.” – increpó a la multitud.
De entre los mercenarios se adelanto una figura, flanqueada por un enorme tigre: era un exaltado de la Tierra, blandiendo dos cimitarras, y se presentó como el Gran General Franco Alonso, del Imperio Narcés. Amenazante, le ordenó a Reik retirarse, o morir en el lugar. El Solar, que no pretendía dar un paso atrás, lo desafió y el Vástago del Dragón aceptó.

Se batieron a duelo hombre a hombre, y el combate fue tan breve como brutal. Los bramidos del general narcés eran amedrentadores, pero Reik luchaba con la cabeza en calma y los músculos tensados. No se dejó intimidar y fue el primero en descargar un golpe; la sangre brotó del costado del terrestre, pero acto seguido también del guerrero del sol inconsquistado.
Inmediatamente el general saltó sobre Reik y le descargó una infinidad de golpes, y tras caer se giró sobre sus talones y volvió a repetir el movimiento. En pocos segundos Reik recibió una decena de impactos, pero logró seguir en pie. Ambos guerreros sabían que quien diera el siguiente golpe podía definir la lucha, y ambos se dieron con todo lo que tenían.
El Narcés prefirió dar dos golpes certeros, al cuello de Reik- que de no ser por la armadura del Solar lo habrían decapitado – pero el acero de la isla Bendita resistió los golpes. El adversario de Reik, tras la embestida, quedó expuesto y fue en este preciso momento cuando el Solar aprovechó para saltarle encima con su montura e impactarlo con su lanza en el pecho. El golpe, que habría sido suficiente para atravesar la más dura de las corazas de lado a lado repetidas veces, fue resistido por el Vástago, pero cayó derrotado y reconoció parcialmente que la victoria era del Solar. Llamó cobarde a Reik, por utilizar su dinosaurio cuando él había dejado de lado a su mascota. El Solar le respondió que eran una sola unidad.
El General se retiró entonces, maldiciendo a Teppet y tratándolo de cobarde, mientras se marchaba con su orgullo y altanería más herido aún que su cuerpo. Partió con los mercenarios rumbo a las naves en las que habían venido, pero uno de ellos – que minutos antes, al aproximarse a la torre, Gath había visto que se negaba a combatir – desertó y corrió donde el Circulo.
Los enemigos se marcharon en los barcos, y los solares, el mercenario desertor – que se presentó como Friedrich – y el joven Vaio, que había esperado escondido en un árbol a la distancia, pudieron conversar.
Reik pudo también tratar sus lesiones, pues aún cuando había luchado como un titán y había demostrado una capacidad legendaria, sus heridas eran tremendas, pero ocultas bajo las láminas y placas de acero no se percibían. Además, la atención estaba puesta en su victoria fantástica, no en el costo que había tenido para el Guerrero del Alba, y éste lo llevaba en silencio y con discreción.
Mientras ayudaban a los heridos, Friedrich les relató la situación política y geográfica de la zona, les explicó de los reinos que había en las cercanías, las alianzas y las guerras, los conflictos pasados, presentes y los que podían presentarse en el futuro. En definitiva, les mostró las piezas de un puzzle gigantesco, y en el centro del mismo, una gran mancha: El Imperio Narcés.

Cómo manejarían todo eso, aun no lo sabían. Pero al menos ya tenían una visón más clara del escenario y tenían la esperanza de que, así como Reik había derrotado alguien que parecía invencible, podrían detener los planes de un Imperio que amenazaba también con serlo…


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PD: La ciudad de Rana fue asediada hasta sus simientos y en su lugar solo quedan ruinas y capsulas de petri.
Ta rebuena. Told ya
Muy buen relato.