Tras huir de la mansión de Von Teufel, los aventureros partieron de vuelta a las tribus, donde esperaban recuperar fuerzas. No solo sus cuerpos necesitaban descanso, sino que la tortura que había significado pasar ese tiempo indeterminado en los calabozos, sumado con la constante debilidad que les había causado la maldición y la muerte de sus compañeros prisioneros, los tenía en un estado misero.
Al cabo de una caminata que pareció interminable, lograron llegar a los deslindes de las tribus, donde un vigía salio a su encuentro y los llevo donde Mord. Ante el jefe de guerra, los aventureros relataron parte de los sucesos ocurridos en la Catedral: la muerte de los camaradas y la traición del extraño gigante que se había presentado días antes.
Tras oír el fatídico relato, Mord abandonó toda esperanza de que las tribus pudieran sobrevivir y se desplomó a la resignación. Los aventureros estaban intranquilos, pero el cansancio pudo más y tuvieron que pasar al menos un par de días esperando antes de hacer su siguiente movimiento.
En el intertanto, cada quien intentaba curar el daño que habían producido los sucesos de Atrios. Algunos más preocupados de las heridas físicas, otros de las desavenencias y separación de la tribu. El único que olvido su dolor y pudo poner su mente en otro tema fue Lázaro, quien en ese tiempo experimentó con las extrañas piedras que recorrían la ribera del río.
Tras probar infructuosamente muchos ingenios, logró concluir que dichas piedras tenían una relación con el mundo de las hadas, del cual provenía parte de la energía del mismo elfo. Dicho descubrimiento no sanó sus heridas, pero le permitió al menos tener un “regocijo”, o lo más cercano a ese sentimiento que el elfo podía tener.
Mientras todo eso transcurría, los miembros más jóvenes de la tribu decidieron partir definitivamente y dispersarse, de tal manera que la gente de Atrios no les diera caza y los aniquilara. Grumush intentó reunir a los jefes de las familias más tradicionales de los orcos y les prometió que idearían alguna forma de recobrar la unidad de las tribus.
Esto lo hacia el Descorazonado siguiendo el plan que con los demás miembros del grupo habían ideado: río arriba existía una fortaleza denominada Schwarzbald, la cual – según datos que reunieron entre todos – había pertenecido a un culto extraño, del que poco sabían mas allá de que manejaban hierbas, realizaban rituales y que en torno a todo esa localidad había una extraña maldición.
Tras descansar un tiempo, decidieron partir en dirección a la fortaleza, con intención de tomarla por la fuerza, deshacer la maldición y de paso conseguir una victoria para los orcos, los que tenían hasta ese momento las esperanzas destruidas. Aunque Lázaro también tenia otras motivaciones, pero no se las comentó al grupo…
Tras avanzar casi un día entero montados en lagartos, lograron llegar a la cercanía del castillo. No fue difícil advertir tal hecho, por que el bosque mostraba un corte antinatural, tras el cual toda la vegetación parecía demacrada. Así como el lado por el que “Los Malditos” – nombre con el que decidieron comenzar a designarse los aventureros – venían respiraba vida, el lado que se proyectaba ante sus ojos parecía completamente muerto y marchito. Incluso los animales que vivían de ese lado parecían más silenciosos, escurridizos y temerosos.
Las monturas, asustadas, decidieron no avanzar, y el grupo tuvo que continuar su marcha a pie. Eso enlenteció el avance, y recién al caer la noche pudieron divisar la fortaleza.
Asentada en la parte sur de una isla que partía el río en dos, su torre principal dividía las aguas del cauce y cerraba en un promontorio elevado. La fortaleza en si decaía en altura a medida que se remontaba el río, y el extremo septentrional de la ínsula no estaba edificado. Algunos matorrales y malezas cubrían dicha zona. Dos entradas, fortificadas, parecían ser la única entrada a la fortaleza, y la sensación que provocaba verla era la de un recinto inexpugnable.
Los Malditos vieron este panorama y concluyeron que lo mejor sería abordar la fortaleza desde el norte, escalando por el sur, ya que las entradas se veían imposibles de franquear.
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Grumush saltó al agua para intentar llevar una cuerda, pero en la mitad del río fue atrapado por una planta carnívoro-acuática, de la que pudo escapar fácilmente, pero que le dejo algunas heridas. En el proceso, el orco probó de las oscuras aguas del río e inmediatamente se sintió debilitado por un indeterminado maleficio. El grupo decidió volver a intentar la misma maniobra, pero río arriba, lo que acabo en el mismo resultado. Lograron concluir que la planta se movilizaba por todo el cauce cercano a la Isla.
Lázaro y Fauro optaron por usar la cabeza antes que la fuerza bruta y construyeron una improvisada balsa, en la que pretendían llegar a la fortaleza. Aperados con algunas ramas y cuerdas, construyeron la barcaza y se lanzaron río abajo para llegar a la isla.
La idea resulto parcialmente exitosa, pues aunque Lázaro y León lograron llegar a la Isla, Grumush fue – por tercera vez – atrapado por la planta y debió ser rescatado por Fauro. Pero al menos los Malditos ya tenían dos integrantes en la Isla, y solo faltaba armar un puente para los restantes dos.
Leon se acercó a la fortalea buscando un lugar donde amarrar una cuerda y aprovechó de escuchar, oído contra la pared, por signos de vida. Escuchó pasos. Ya que no había lugar donde amarrar las cuerdas León optó por escalar la muralla, y amarrarla desde los torreones. Tras escalar fácilmente la muralla, pudo ver que del otro lado le estaba esperando un contingente de los moradores de la fortaleza:
Seres en parte árbol y en parte humanos, portando armas le dijeron que se rindiera. El espíritu fiero de León se calmo, y accedió a acompañarlos.
Cuando ya se hubieron apartado, los extraños cultistas se dispusieron a apalear al paladín, el cual antes de que sus enemigos pudieran ponerle el primer dedo encima ya estaba defendiéndose y golpeándolos. Lázaro, oyendo el alboroto del otro lado y arriba de la torre, se dispuso a ir en defensa de su amigo, pero cuando llegó ya era demasiado tarde. León había logrado abrirse una salida, pero estaba herido de muerte, y lo que cayó a los arbustos era su cuerpo inerte.
El elfo ahora se encontraba en la misma situación en la que había estado su camarada segundos antes, y el resultado fue casi el mismo. Los dardos paralizantes de los hombres árbol le entumecieron los músculos y fue incapaz de huir de la torre.
Por otro lado, Fauro y Grumush – que estaban del otro lado del río – tardaron en reaccionar. Cuando el orco se percato de la gravedad de la situación y se lanzo al río a cruzarlo a como diera lugar, lo único que consiguió fue llegar a ver como León ya no daba muestras de vida. Tras esa primera perdida, sintió como Lázaro (arriba en la fortaleza) también fallecía. Cegado, se lanzó a recuperar el cuerpo de su compañero, lo que consiguió casi instintivamente. Fauro también había llegado a la ribera, y ambos huyeron juntos de las cercanías de Schwarzbald.
Si bien algunos de ellos consiguieron sobrevivir, las caídas de sus amigos los habían debilitado poderosamente. Tras superar el peligro inminente y escapar de la fortaleza les resulto evidente que su situación es peligrosamente compleja. Se estaban desvaneciendo…
Intuyeron que su fuerza, ligada a sus compañeros caídos, se desintegra a un ritmo alarmante. Sino querían morir bajo ese influjo deberían ver la forma de recuperar a sus aliados muertos.
Excelente crónica… le hice unos cambios menores que aunque eran necesarios pienso que pueden haber “contaminado” tu relato.
Espero que al resto le sea tan entretenido leerla como lo fue para mi.
no note casi, salvo
“y aprovechó de escuchar, oído contra la pared, por signos de vida. Escuchó pasos”
pero que bueno q te haya gustado, weak
Estan muy buenas las cronicas, como para publicar un cuento.
Creo que hace parecer que lazaro tiene intenciones ocultas y siniestras para con la party con la frase “Aunque Lázaro también tenia otras motivaciones, pero no se las comentó al grupo…”.
La verdad es bastante mas simple. A los orcos simplemente no les interesa el tema.
Seria como que antes de cada sesion de rol, le empezara a contar a nalart con detalle los calculos que hice para una torre de anclaje en un proyecto. No le interesaria en nada. Seria solo hacerle perder el tiempo, por que no pescaria ni entenderia mucho la cosa.
nah, lanitas
es como para darle un poco mas de dramatismo y que la cronica sea mas divertida.
Piensalo como Raistlin, quizas el jugador nunca fue tan motivado como lo era el narrador para contar lo q hacia el mago
pero si te complica, a futuro sera un lazaro mas plano.