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Tras desbaratar el culto que existía en el Gottendamerung, el Círculo tenía claro que el siguiente paso era informar al Kaiser de que el problema había sido resuelto y que los fieles de Bacu se marcharían. Pero no sabían como enfrentar el descubrimiento que habian hecho, el cual vinculaba a Ernst Gottlieb en el impío proceso de una exaltación infernal. De ser así, estaría tejiendo un plan a espaldas de su Señor, y mas aún, revelaba un dato atemorizador: cuan hondas podian ser las redes de mentiras y conflictos que se tejían en los Cien Reinos, donde recién estaban viendo los primeros hilos. Y tal vez aun peor, podía ser incluso que Efasio tuviera algo que ver con el demonio de los Doce Dedos.

Angustiados, los Solares dejaron pasar la noche y al amanecer fueron rumbo a la aldea que – con el paso de los años –  había surgido al rededor del monumento. Pudieron percatarse como en ella el hambre y la vejez era lo único que abundaba, ya que en las calles no se veían jóvenes y las personas lucían los rasgos de la mala alimentación y el frió.

Con los primeros rayos del sol pudieron contemplar el restante paisaje de Eisenach. Ya habían visto la tierra de esta zona de noche, y era un desierto helado. Pero verla a plena luz era desolador: prácticamente no había verde, en el suelo abundaban los cráteres de las explosiones de  guerras pasadas, barriales y lugares cubiertos de nieve ensuciaban las piedras y la arenisca que componía el suelo del lugar. En definitiva, ahora era una tundra, y antes había sido un campo de guerra.

Al percatarse la gente del lugar de la presencia de los extranjeros, les rehuyeron, pero tras seguir recorriendo las calles una mujer algo mayor se les acercó y les consultó que motivos los traían a esas desoladas tierras. Invictus converso con ella, e intentando tranquilizarla le comento que eran aventureros y que habían venido a mejorar un poco las cosas, en especial en cuanto a los cultistas de Bacu.
Ademas, ya no les robaran los víveres, pues los hemos derrotado.

La mujer, apesadumbrada, le agradeció el hecho, pero por alguna razón no se veía del todo dichosa con la situación. Gath no tardo en captar el motivo, y continuó:
- Si, nos encargamos de ellos y ahora están en una procesión en dirección a la fuente donde nació Bacu.
La respuesta tranquilizo a la mujer, ya que ello significaba que los creyentes no estaban muertos. Por lo visto, a pesar de que esa gente no trabajaba y se dedicaba a robarle a la aldea, los mismos aldeanos no podían desconocer el hecho de que muchos de ellos eran sus primos, hermanos o hijos, y por lo tanto saber que habían muerto no era una buena noticia.

El rumor de que los fieles de Bacu ya no merodeaban, y que ademas que estaban con vida, mejoró bastante la actitud de la gente con el Circulo. Ante esa muestra de cordialidad, el grupo se conmovió y decidió ayudar a esa gente, que se encontraba abandonada en una tierra baldía.
Cho descubrió que unos arboles de la zona, tras un exótico y complejo tratamiento, eran comestibles. Ezreal se dedico a investigar el río que corría en la cercanía e Invictus, tras revisar el lugar y la maquinaria que había instalada, compuso una pequeña melodía para la gente. Ella relataba como debía comerse el alimento que el Solar de la Noche había ideado, de forma que la gente no lo olvidara y pudiera prepararlo fácilmente.

El resultado fue todo un éxito, y el Circulo se sintió feliz de haber resuelto en parte el problema del hambre del lugar. Y llendo aun mas lejos, Gath ayudó al ayuntamiento del lugar, haciendo renacer su sistema de comercio y – valiéndose de sus encantamientos de solar y aportando con dinero del Círculo – mejorando la productividad del lugar enormemente.

Ahora aumentaría la cantidad de abrigos que se hacia semanalmente, la cual seria indispensable para apertrechar al ejercito cuando tuviera que enfrentarse con las hordas del Imperio Narces, en pleno invierno.

En ese pequeño pueblo los Solares veían como todas sus acciones repercutían rápida y positivamente: en menos de una mañana habían cambiado la perspectiva futura de esa gente, y ello los alegraba profundamente. Pero en el fondo sabían que todas esas acciones, que aun cuando eran muy nobles y caritativas, no eran su prioridad en ese momento, y tuvieron inexorablemente que partir a la capital de Eisenach. No podían seguir dilatando lo inevitable, y deberían tomar desiciones.

El viaje se sintió breve, pues durmieron en un coche que los transportó, y al despertar todos se sentían mas descansados… excepto Cho, quien aparentemente no habia dormido nada y exhibía una mala cara.

Ya a algunos kilómetros se podía ver la capital de Eisenach. Un castillo amurallado construido sobre una meseta constituía la capital del lugar. La edificación era principalmente de piedra y acero, y su aspecto era el de sobriedad y al mismo tiempo eminencia. Las torres eran gruesas y reforzadas, y desde sus cumbres podía contemplarse toda la tierra que gobernaba. Las banderas lucían los colores de la familia del Káiser, una bandera blanca con franjas negras en la parte superior e inferior y un águila con dos cabezas un cetro dorado en cada una de sus patas. Todo daba la impresión de estar en orden y racionalmente dispuesto.


El Círculo ingresó a la fortaleza y pudo contemplarla por su interior. En ella habían bastantes casas, muchas fábricas y al cabo de un rato pudieron dar con una posada. Al ingresar, Cho pidió rápida y groseramente  una habitación y baño y se retiró. Sintió que esto le ayudaría a recuperarse de su traumático viaje…

Invictus se hizo cargo de Vaio, con quien se sentó a conversar, e invitaron al joven aldeano que había hecho las veces de cochero a acompañarlos. Tras algún rato de conversación y cervezas, los menores se durmieron. El Solar del Cenit se dispuso a tocar algo y acercarse a las muchachas que habían por ahí, pero inevitablemente, al verlas también pensó en cuanto mas hermosa que ellas era Lucy, la princesa de Alsacia, y su interés por esas rameras desapareció.

La belleza de aquella mujer opaca totalmente la que pudiera exhibir otra chica, y para alguien que hasta ese momento no había estado con una mujer tan deslumbrante nunca, pensar en estar con esas mujerzuelas era como beber vinagre cuando se ha probado el vino. Decepcionado, Invictus apuro su cerveza y comenzó a meditar en que haría respecto a la princesa.

Ezreal por su parte fue al hospital a ver si podía ser de utilidad. En el pudo percatarse de una situacion sumamente extraña, y a la vez, tremendamente evidente: debido a la gran industralización que había en Eisenach, muchísimas personas tenían día a día heridas, fracturas, golpes y laceraciones con la maquinaria. A su vez, el tremendo ejercito del lugar requería permanentemente de curaciones y alivio de quebraduras.

Ambos factores habían llevado a los médicos del lugar a ser expertos en la sanación de tales dolencias, pero lo relativo a las enfermedades había sido dejado totalmente de lado; un simple resfrió resultaba en muchos casos fatal para los habitantes, y el Solar se dedico a hacer algo al respecto.

Tras conversar con el medico a cargo, y autorizado por el mismo, se dirigió a la zona de los enfermos e hizo maravillas: Tras unas horas, dos personas – las que a juicio del medico local eran las más graves – habían sido sanadas. A cambio de tamaña hazaña, el doctor le prometió a Ezreal no comentar nada de lo sobrenatural que había visto, ya que el Exaltado había hecho uso de parte de su esencia para salvar a esa gente. Por otro lado, el médico le comentó el tremendo parecido que tenía con el difunto padre del Káiser. Además de algunos rasgos físicos y la habilidad de curar a los heridos, tenía ese extraño sello dorado en la frente. El médico estaba sorprendido y no evitó hacer notar su descontento con el actual Káiser que carecía de dichas características.

Nuevamente, en pocas horas, el Circulo se reunió. Ezreal volvía conforme con su labor, pues en pocas de horas le habia salvado la vida a dos personas. A cambio de eso, Invictus divagaba nostálgico y Gath se mostraba derechamente ofuscado. De hecho, al reunirse y comentar las impresiones que habían tenido de la ciudad, el Rastreador le esgrimió al Solar del Cenit que nuevamente había emborrachado a Vaio, y que se estaba portando como un irresponsable con el joven.

Invictus desmintió la acusación, y le respondió a un alterado Gath que los jóvenes estaban durmiendo, y que si queria podia verificarlo el mismo. Cho acepto la propuesta y le levanto al quinceañero del pelo, para luego abofetearlo y hacer que espabilara de su ebriedad.
- Mira como esta borracho – le dijo. Y al mirar el rostro del niño, pudo ver como este estaba con claras muestras de sueño y cansancio, pero no de haberse pasado de copas, y le devolvió una mirada de desconcierto y dolor por lo que recién había pasado. Inmediatamente despues, Vaio se soltó y con una mirada de enojo, subió al segundo piso donde cerro la puerta de golpe y se acostó.
- Bueno, creo que lo mejor seria ir a hablar con el Káiser – fue lo único que decir el Solar de la Noche, sintiéndose muy mal por la actitud que había tenido, y los demás asintieron.

Antes de partir, Ezreal les advirtió de un hecho importante que habia descubierto. El anterior Káiser había sido – aparentemente – un exaltado Solar. Dicho relato era congruente con el que manejara un Caminante de Guerra, y ponía nuevamente la duda de quienes serían los candidatos a la exaltacion infernal que estaba preparando Ernst.

Pese a lo tarde que era, al Círculo se le permitió el ingreso al interior del Palacio de Eisenach, y el Káiser los mismo los recibió. Tras cruzar saludos, el regente les pidió que le informaran los resultados de su expedición. Los Solares le contaron todo, excepto lo relativo a Ernst, y ademas agregaron al relato los hechos en la aldea cercana al Gottendamerung y las hazañas de Ezreal salvándole la vida a los enfermos de la capital.

El Káiser se encontraba asombrado: no solo habían realizado la labor encomendada con una diligencia impresionante, sino que ademas se habían encargado de arreglar los problemas de una villa y conservado la vida de dos compatriotas.

Impresionado y secretamente celoso, el regente de Eisenach les comentó que gente como ellos es lo que le hacia falta al Reino, y posteriormente les hizo una propuesta inesperada: les ofreció ser sus Consejeros. Los Solares se sintieron sumamente incómodos con la propuesta, y todos arguyeron razones para evitar rechazar la oferta.

Su Majestad, me honra con su oferta y estoy gustoso en aceptarla. Ser su consejero me parece algo interesantísimo. - respondió Gath cuando fue su turno de contestar.

¿Pero…. ?- continuó la frase el Káiser, esperando una elusiva como la que ya había obtenido de los demás.

¡Pero nada! – continuo el Solar del Sur – Es solo que, siendo su consejero, tendría que pedirle que me permitiera estar habitualmente fuera, pues como sabrá también tengo que preocuparme de mis orfanatos.

Al Káiser no le interesaba tal modalidad de consejero. Además les comentó que Ernst no había vuelto de Alsacia, pues se había apartado “por razones personales”. Este hecho no preocupaba al Káiser puesto que en tiempos de guerra las labores de su consejero de paz no eran prioritarias. Para el círculo, apartar al Káiser de su consejero y posible traidor les evitaba correr un riesgo, en especial, de que fuera él quien se tenia pensado Exaltar, al mismo tiempo que podían conseguir un aliado mucho mas cercano.

Para Cho era evidente que, en su fuero interno, el Káiser añoraba tener la fuerza para correr las aventuras que el Círculo le relataba. Actualmente se encontraba atado por la burocracia y el temor a que un traidor le robe su corona. Las canciones de Invictus sirvieron para exacerbar el sentimiento de arrojo, que se encontraba sepultado en el fondo del corazón del Káiser. Todo de acuerdo al plan del círculo…

La conversacion termino poco despues, y acordaron reunirse al día siguiente, tiempo que transcurrió lentísimo para el Circulo, el cual deseaba partir lo antes posible. En el tiempo que debían esperar, Invictus ideo un plan para hacer que el Káiser no dilatara tanto la aventura, y compuso una canción que hacia infundía premura en quien la oía.

En ella se relataba como la ciudad de Espinas había caído por la demora de sus generales, que en lugar de dar un golpe preciso y oportuno, prefirieron esperar a tener todas sus fuerzas reunidas. Pero cuando ya lo habían logrado, el enemigo los tenia sitiados y los aniquiló en tan solo tres horas. La historia, por lo tanto, era sumamente convincente si se trataba de apurar a alguien que tenia como su máxima motivación la prosperidad de su nación.

Ese día lo aprovecharon los demás Solares para tener lista la partida, de modo que en cuanto el nuevo integrante se convenciera pudieran partir. Reunieron equipo y provisiones, y Gath aprovecho un momento para reunirse con Vaio y pedirle disculpas por el incidente del día anterior.
Le comento que ese día había estado sumamente alterado y afectado, y que había actuado fuera de si. La razón de tamaña enajenación había sido un sueño que había tenido; otro de esos sueños vividos que le perseguían últimamente, solo que en este la situación habia sido distinta. En lugar de la alegría de sentir su motivación cumplida o la angustia de sentir que había perdido a su complemento, en esa oportunidad había sentido el dolor de ser abusado. Ver una realidad que se alejaba diametralmente de su juventud, la otra cara de la moneda. Vaio aceptó las disculpas y ambos dieron el incidente por resuelto.

La noche siguiente la velada fue abierta con el Requiem de Espinas, y al concluirla era dificil para el Rey de Eisenach resisitrse a partir, pero aun así algo lo ataba. Pese a que su intención de lanzarse a la aventura era fuertísima, una fuerza igualmente poderosa lo amarraba. El grupo percibió esa tensión y comenzó a interrogarlo para intentar adivinar la fuente que lo detenia.

- Me preocupa una traición. Una traición interna – respondió el Káiser. Y ante la pregunta de quien podía ser el causante, sorpresivamente respondio: – Me preocupa que Blitz, de forma no intencional, me arrebate el reino. Es el general épico que mi pueblo siempre ha deseado como su líder.

Dicha revelación causó sorpresa entre los presentes. Les explicó que se venia una gran guerra, y el pueblo reconocería como a su rey a quien resultara victorioso de ese conflicto. Su padre, en la Guerra de la Unificación, había triunfado y había sido adorado por la gente. Si el no hacia lo mismo y conseguía la admiración de su pueblo, perderia – en los hechos – el trono. Realmente no se está seguro si esto será cierto o bien si no será que Manfred Hohenstaufen, el Káiser, simplemente ve con excesiva inferioridad su actual estado.

El Círculo le ofreció varias alternativas, y finalmente el Káiser se convecio por una. Partiría esa misma noche y volvería lo antes posible tras convencer a Nelson Astorga, el Almirante Narces, de aliarse con Eisenach contra el Imperio Narces. Ello le daría el reconocimiento de sus generales y la admiración que tanto busca de su gente, y posteriormente Reik Teppet le ayudaría a dirigir personalmente su ejercito, de modo que el General Blitz quedaría relegado a un segundo lugar en la victoria. El plan parecía convincente y además el Káiser se sentía inusualmente en confianza con el Círculo.

Como prueba de su aprobación y esperanza en los Solares, y tras oír el plan, el Señor de Eisenach les ofrecio eventualmente nombrarlos Caballeros, un titulo tanto o mas importante que el de Consejeros, que ya les habia ofrecido.

Ante la sinceridad y confianza que estaba depositando en ellos el Káiser, el Rastreador decidió jugar una carta arriesgada, pero que significaría ser recíproco en la fe puesta en ellos. Luego de revelarle apresuradamente que Ernst era un demonio, le dijo que “en algunas partes nosotros también somos considerados demonios”, y encendió su anima totémica suavemente. Al ver esto, el Rey de Eisenach quedó impresionado y se sintió reducido: todos a su al rededor eran entes poderosísimos: su consejero un demonio, sus nuevos aliados Exaltados del Sol Inconquistado, su padre también había sido un Solar y él, quien se creía un Rey, resultaba ser un simple peon y para colmo con un brazo débil.

Pocas horas más tarde ya salían de Eisenach rumbo a Alsacia. Pasarían por el reino de Bastian Krupp mientras se dirigían a Tendril. Esto cumplía con el doble propósito de ser el camino a Tendril, y al mismo tiempo cumplir con un extraño llamado urgente que había hecho el Rey Krupp al Circulo. Avanzaron en silencio y con sigilo, y al cabo de un par de días llegaron al Reino donde días antes los presentara Arne.

El Káiser acepto esperarlos en los alrededores, ya que si ingresaba a la Corte de Alsacia alguien podría reconocerlo, por lo que acordaron reunirse al día siguiente, por la tarde.
Inmediatamente se dirigieron donde el Rey, y este los recibió con su cordialidad habitual. Tras un intercambio de saludos y al confesares que la nota en realidad no tenia nada de inminente, se dirigió a donde Invictus y le dijo que tenían que hablar algunas cosas a solas. El Solar accedió, y el resto del grupo se marchó a preparar la continuación de la aventura.

En la reunión, Bastian le reveló a Invictus sus intenciones: debía desposar a Lucy, ya que era la única forma de mantenerla segura. Ademas, debía sacarla de Alsacia lo antes posible, pues corria un grave riesgo.

Durante la conversación, aparentemente Krupp sabía que la persona con quien estaba hablando era un Solar: de hecho, intuyó que era de la casta Crepuscular, acertándole. Y por lo tanto sabía que nadie seria mas capaz de cuidar a su hija que aquel robusto y carismatico profeta.

Y ademas a mi hija le gustas, son el uno para el otro – concluyó el Rey de Alsacia.

Si, ¿sin duda no? Pero necesito pensarlo, al menos una hora.

En ese tiempo los demas Solares habían ido a visitar a Arne, ya que sabían que él pretendía a Lucy desde antes de la llegada de Invictus. Por lo mismo, fueron a brindarle ánimo de que saldría adelante de sus mutilaciones y de que la situación con la chica se arreglaria de una forma u otra.
Al mismo tiempo que Invictus terminó su conversación con Bastian, Cho y Ezreal terminaron su visita a Friedrich, por lo que se reunieron y el Solar músico les relato del extraño encuentro que había tenido con Bastian. Cho se volvió un mar de sospechas, ya que le asombraba que lo hubieran engañado con la actitud de simplón que había tenido el Rey.

Así que lo encararon nuevamente, esta vez en grupo, y la actitud que mostró Krupp fue nuevamente la del Estadista, que los demás no habían conocido. Efectivamente solo deseaba casar a su hija y que esta fuera protegida por el mejor candidato, y ese era Invictus.
Este aceptó hacer la simulación, y que si ella posteriomente lo deseaba el matrimonio se llevaría a cabo realmente, por lo que comenzaron a hacerse los preparativos para el Anunciamiento, el cual ocurriría en un banquete en honor a los “Heroes de Alsacia” y seria esa misma noche.
En las pocas horas que quedaban, Invictus visito a Lucy, ocultándole el plan y la noticia de que seria anunciada como su mujer. Cho y Ezreal en cambio visitaron a Arne, el cual no se encontraba en su habitación. No impedido por esto, el Solar de la Noche lo siguió y pudo dar con el Paladin de Alsacia, el cual había partido junto con Lucy al rió a conversar, y algo más. Tras observarlos escondido, pudo descubrir que efectivamente entre ellos existía un vinculo amoroso, y el cual Invictus se disponía a romper.

Acelerado, partió a confrontar a su amigo y compañero para que se desistiera de la maniobra política que estaban haciendo a expensas de los sentimiento de Arne y Lucy.

Lo encontró en el Castillo, y lo encaró por su falta de lealtad con Friedrich, quien lo había traído a esta tierra como un compañero y a quien ahora le quitaba la mujer que deseaba; por frívolo, de querer estar con ella solo por satisfacer su deseo de cacería; por ridículo, pues se estaría vinculando con una mujer que casi no conocía, que moriría mucho antes que el, a quien no amaba (según su impresión) y que le dificultaría cumplir con su motivación de convertir a todo el mundo al sol Inconquistado; y por ultimo, por ser egoísta e indolente, pues pudiendo aliviarle el sufrimiento a alguien a quien el mismo conocía, no lo iba a hacer.

Las palabras revotaron contra Invictus, de forma similar a como lo hacen normalmente las espadas, y este se marchó indiferente. De vez en cuando es bueno recibir heridas, nos muestran nuestros errores. En su mente sabía que los argumentos de su compañero eran en gran parte reales, pero también sabia que Lucy corría un riesgo enorme al ser una de las candidatas para de la exaltación Infernal, y creía que al menos debía sacarla de ahí. Si el amor surgía después, bien.

Todos asistieron a la ceremonia, la cual era muy alegre y donde Lucy se veía aun mas hermosa que de costumbre y en ella Bastian los presento como Heroes. Finalmente, se detuvo en el Invictus.

- Y para terminar, quien es posiblemente el líder de este grupo. Un hombre que nos ha llenado de valor y que nos ha conmovido con sus historias. Y a quien estimo como un hijo. Es por ello que en esa noche de fiesta, aprovecho de anunciarles lo siguiente: Invictus se casara con mi hija Lucy, y sera mi futuro sucesor en el trono de Alsacia.

El ambiente se lleno de brindis y aplausos, ya que los invitados sabían de las capacidades del Solar y creían que nadie merecía tanto a la Princesa de esa tierra como aquel hombre bondadoso que había llegado a ayudarlos simplemente por compasión.

- ¡Te odio! – se oyó un grito femenino. – ¡Yo no quería que fuera así!

Desde la distancia, la Princesa estaba llorando y la noticia de su matrimonio arreglado la había descompuesto totalmente. Se marchó a tropezones a su habitación, y la cerro de golpe.

A cierta distancia del grupo, el rey de Alsasia hablaba con su yerno. La actitud que había tomado Lucy no sorprendió a su padre, quien le dijo a Invictus que con el tiempo eso se arreglaría, pues ella misma reconocía que lo quería, y que solo le había molestado la forma.  A lo lejos, Cho se encontraba consolando a Arne, quien no entendía porque le tocaba beber la amarga copa del desamor. Y la gente comentaba, entre abrazos y felicitaciones, que la princesa no tardaría en enamorarse de un caballero como Invictus.

Fue por eso que entre la conversación, las risas y el festejo nadie se percató de que el pecho del Rey de Alsacia, Bastian Krupp, era atravezado por una espada. Invictus, que se encontraba conversando frente a el, no alcanzó a reaccionar sino hasta que la espada se enterró por segunda vez en el corazón del Rey. Después de eso, las rodillas se le quebraron y su rostro quedo congelado en una mueca vacía de expresión.
Al caer al piso el cadáver, pudo verse la silueta de Franz Steppenkraut, el mas fiel guardaespaldas del Rey, quien no entendía lo que había hecho. Invictus, con la espada ensangrentada en las manos al intentar detener las estocadas, se arrodilló al lado del antiguo Rey, ya que en ese mismo momento se transformaba en el Nuevo Rey de Alsacia.

Encaminados por Arne Friedrich, el Círculo, los guardias de la Torre Verde y el joven Vaio siguieron su camino rumbo a Alsacia. El reino del que provenía el Paladín estaba a días de viaje desde la bifurcación del Maruto y el Meandro, y sabían que tarde o temprano deberían cruzar las aguas de alguno de esos dos poderosos canales.
Lo más sensato parecía ser intentar cruzar cerca del puerto de Tendril, ya que al tratarse de una comitiva de más de una docena de personas, la idea de hacerlo a nado era un riesgo tremendo. Al poco rato de deliberar, decidieron que debían cruzar en un barco; el problema era cómo se harían de uno.


Ya en el puerto pudieron sentir la tensión del ambiente. Tendril era una ciudad bajo ocupación enemiga, y por tanto el clima que gobernaba la ciudad era bastante hostil. Toques de queda por la noche, frecuentes rondas de guardias armados y el silencio y sigilo de la gente al conducirse hasta en las tareas más cotidianas revelaba la presencia de un agresor en el mando de esa localidad. Si bien el almirante Nélson Astorga – jefe de la Marina del Imperio Narcés y quien tenía a cargo la administración de esa ciudad – era una persona civilizada y que, según se comentaba, seguía a Efasio sin un gran convencimiento. De todos modos la ocupación que había impuesto era indudablemente marcial.
El estado de pueblo se encontraba además fuertemente deteriorado ya que habían sido víctimas de corsarios quienes les habían robado el preciado grano que les restaba. Sin alimentos y bajo el jugo de una potencia extranjera, la moral estaba por el suelo.

Arne los llevó a una taberna que conocía, donde fueron atendidos por Raúl Fuentes, el posadero de dicho local. Ni aún la (mísera) comida caliente ni la cerveza que les sirvieron pudo aliviar la pesadumbre de estar en la primera barrera del enemigo, pero al menos les permitió tener un lugar seguro y donde poder sentirse en confianza. Hablaron tranquilamente, ya que el posadero tampoco se mostraba muy alegre con las tropas narcezas paseándose por su ciudad. Especialmente cuando el enemigo había dado su primer golpe al orgullo de Tendril: sus puentes.
La ciudad era conocida por sus bellas construcciones que cruzaban los ríos del lugar, e incluso habían construido uno tan largo que cruzaba el Meandro de lado a lado, recorriendo más de trescientos metros de vía fluvial y a una altura tal que aún permitía el paso de naves comerciales y militares bajo él. Esa hermosa edificación yacía ahora bajo la corriente, luego de ser víctima de los cañonazos enemigos.
- De todos modos traten de no hacer mucho ruido – les pidió el tabernero, ya que no quería que las guardias entraran y se dieran cuenta de que estaba acogiendo extranjeros.
El Círculo bajó el tono de la conversación, ya que no querían causarle problemas al dueño del local.
Mientras seguían conversando, el oído agudo de Gath captó de pronto un sonido en el exterior, y Ezreal cruzó una mirada con él, revelándole que también lo había oído.
Acelerado, el rastreador salió a ver que ocurría, e Invictus lo siguió de forma pseudo-automatizada. En la calle, un espectáculo lamentable los esperaba: una mujer, casas más allá, veía cómo tres soldados narceces se llevaban a una muchacha, aparentemente su hija, y pese a que ella intentaba evitarlo, la fuerza de los militares impedía toda resistencia. Sin pensarlo dos veces, Invictus se lanzó con su arma a confrontarlos e intimidarlos, pero los abusadores no huyeron, sino que desenvainaron también. Gath aprovechó ese momento para cubrir y escoltar a la mujer a un lugar más seguro, y dejó a Invictus la suerte de esos bandidos.
El músico les dio una paliza, los arrojó a un basural en las cercanías y los roció con el asqueroso ron que bebían segundos antes: habían recibido su merecido castigo.
La joven fue llevada a la posada, y la mujer, aún incrédula, los acompañó. La anciana les relató que la única posibilidad que vió para su hija, de salir de dicho nido de ratas, era entregándola a dicho repugnante grupo de marineros. Estaba convencida: “Los narceces ganarán la guerra y nosotros con dificultad superaremos el invierno”. El Círculo acababa de hacerse de un problema más que resolver: qué harían con la muchacha y su madre, las cuales no querían quedarse en la ciudad. Resolvieron que las llevarían a Alsacia, junto con los guardias de la Torre Verde, y tras oír la idea, Raúl se sintió tentado a ir con ellos. El grupo que debían escoltar acababa de aumentar – en tres – y la necesidad de una forma segura de cruzar también.
Pero súbitamente dos golpes en la puerta pusieron todo en silencio.
- ¡Raúl, abre! – dijo una voz seca detrás de la puerta
El tabernero se desfiguro por el miedo, ya que la orden que oía era la de un sargento haciendo su guardia, y si entraba posiblemente vería a los invitados que tenía. Le rogó a la gente que se escondiera, y cuando ya nadie estaba a la vista pudo abrirle a un impaciente soldado narcés, quien venía a informarle que a partir de ése momento se prohibía la venta de alcohol en la ciudad; los efectos de los destilados estaban alterando a la tropa, y el Almirante quería evitar eso.
Diversas reacciones provocó en el grupo tal información, ya que ratificaba la idea de que el Almirante era una persona razonable y no un maniático o un loco que deseaba conquistar todo a cualquier precio.
Pero la atención estaba puesta en conseguir una nave. Cho recordó una joven pirata que conocía, Mirta, y fue a visitarla. Escabulliéndose en la noche, consiguió llegar a la casa de la mujer, la cual encontró descerrajada y con claras muestras de una lucha. Usando sus aptitudes de rastreador, siguió las pistas que los captores de Mirta habían dejado, y logró dar con un lugar en el que probablemente se encontraba: una casa que los militares narceces habían habilitado como prisión.
- Si es la Mirta que conozco, de seguro el Almirante a cargo debe haber tenido razones para apresarla – pensó el Solar.
Volvió a la posada, y junto con Reik y los demás miembros del Círculo elaboraron un sencillo pero exitoso plan: se disfrazarían de militares con las ropas de los violadores que Invictus había castigado, y con la presencia imponente de Teppet exhortarían a que liberaran a Mirta. El único inconveniente fue lavar las ropas de dichos desafortunados marineros.
El plan se desarrolló a la perfección, y tras un par de horas, el Círculo había anexado otro miembro más a su ya crecida comitiva. Mirta les comunicó que conocía un capitán cuyo barco era ocupado por los imperiales, y que probablemente les ayudaría. Fueron a visitarlo y el marino se mostró gustoso en darles una mano. Al día siguiente se reunirían a eso de las siete de la tarde. El cómo harían salir el barco del puerto y cómo posteriormente cargarían a la gente, lo decidirían a la mañana siguiente, por lo que los solares y sus nuevos aliados se fueron a dormir.

Al despertar, Cho partió rumbo a los almacenes del puerto con una idea que la mañana le había regalado. Averiguaría qué barcos zarparían en la tarde de ese día, y averiguaría la forma de suplantarlo con el del capitán amigo de Mirta.
Una vez allá, el guardia marina que atendía le solicitó que esperara, puesto que para tener acceso a esa información debía consultarlo con su Jefe. Tras una larga espera, el hombre volvió y le pidió al Solar que se entrevistara personalmente con la persona a cargo. Cho, complicado con tal situación, convenció al hombre de que dejara pasar el encuentro que habían tenido y le dejara ver la información, a cambio de algunas monedas. El guardia aceptó, y se marchó.

En la soledad del almacén, el Rastreador alteró las partidas del libro que se encontraba ahí, sustituyendo uno de los barcos que saldría ese día por aquél al que tenían acceso. Confiado en que esa medida resultaría, volvió a la posada, y tras explicarles el plan a sus amigos, éste les pareció a todos adecuado.
El grupo partió así fuera de la ciudad a advertirles a los guardias de la Torre Verde – que esperaban a algunas millas – que abordarían una nave al atardecer. Gath en cambio se dirigió a la nave, para verificar que todo resultara bien. El cargamento de armas designado fue cargado varias horas antes del desembarco, siguiendo con el plan. Hasta este momento todo bien.
Pocos minutos antes del zarpe, el plan comenzó a fallar.
El puerto se alborotó, ya que el mismísimo Almirante Nélson estaba en él. Acercándose a paso seguro, se dirigió al barco donde se encontraba el Solar y ordenó pacíficamente detener la partida. Cho, escondido, intentó escabullirse para averiguar qué ocurría, pero el capitán del barco, tras  un rápido intercambio de palabras con el almirante, delató su posición. El rastreador tuvo que lanzarse al agua para escapar. Tras una lluvia de virotes, muchas brazadas y sufriendo heridas de consideración, pudo alejarse del puerto de Tendril.
Jadeante tras llegar a la orilla, se sintió sumamente angustiado. Sabía que sus compañeros se encontraban en peligro, ya que el plan había sido descubierto; sus camaradas embarcarían confiadamente a un barco donde de seguro les esperaba una emboscada. Haciendo acopio de las escasas fuerzas que le quedaban luego del nado, se internó en un bosque cercano y, extendiendo su ánima hasta el nivel más alto, envió una señal capaz de ser vista a millas de distancia, rogando porque fuera notada por los demás solares.
-Algo anda mal! El ánima de Cho´gath está encendida a su máxima intensidad- exclamó Ezreal. Invictus confirmó lo mismo, y junto con Reik, se dirigieron al lugar desde el cual provenía la advertencia.
Dieron con el Solar de la Casta de la Noche, y éste les relató la situación. Además, les reveló que su aguda vista le permitía ver que la misma nave que ellos supuestamente deberían abordar se dirigía actualmente río abajo, y que quizás aún podían tomarla.
El grupo preparó una emboscada, y mientras se encontraban al acecho, Gath pudo notar que millas más atrás de la nave que querían tomar, venía otra que normalmente sería invisible en aquellas oscuras horas. Además, la tripulación del primer barco había sido alterada, ahora mercenarios y un nuevo capitán, bastante más sobrio, la dirigían. Les advirtió de esto a los demás, pero los planes no se alteraron. Cuando la nave estuvo a la distancia correcta, fue abordada por Reik, Invictus y Arne Friedrich. Los mercenarios que la tripulaban huyeron despavoridos, y los exaltados del Sol Inconquistado salieron tras ellos dentro del barco. Arne, siguiendo el plan, estabilizaría el barco haciendo uso de sus poderes elementales del aire. Y de pronto, todo fue borrado por una enorme explosión…
Quienes estaban más lejos sintieron primero un destello gigantesco y luego, una onda de choque los lanzó de espaldas. Inmediatamente después, el rugido de la explosión y de la madera, metal y huesos destruyéndose en un instante, les llegó a sus oídos. Los gritos de dolor, el agua llena de sangre, el rió encendido en llamas y restos chamuscados de cuerpos conformaban una imagen dantesca que el grupo tardaría en olvidar. La nave fue borrada por completo y todos los humanos que habían en ella perecieron producto de la explosión. A pesar de esto, Reik e Invictus lograron sobrevivir gracias a sus especiales capacidades, y ambos pudieron darse cuenta que en el momento que precedió a la explosión, una figura había saltado del barco al río; probablemente, él había sido quien detonara todo el buque.

Pero la mayoría de los ojos, se centraron en Friedrich. El paladín estaba mutilado, pero el soplo de la vida aun no lo abandonaba. Cho e Invictus, desconocedores de las artes medicinales, intentaron hacer lo que mejor podían, mientras que Ezreal fue quien puso la cuota de expertise en la tarea. Cho se sentía culpable por lo ocurrido y esta enorme fuerza extraída de la responsabilidad de sus actos le permitió realizar una efectiva maniobra curativa. En pocos minutos el Campeón de Alsacia se encontraba algo mejor, y al menos su suerte ya no era una muerte segura.
Reik en cambio estaba apesadumbrado. Debatiéndose entre la idea de emboscar el segundo barco o no, finalmente opto por la inactividad. Derrotado, se reunió con los demás Solares y el grupo completo se alejo del lugar, fingiendo que habían muerto en la explosión.
Los siguientes días fueron de una amplia sensación de derrota; humillados, tuvieron que cruzar el río como perros. Una barcaza hacia más posible la operación, pero de todos modos la tarea tomo varios días. Amparados por la noche, cruzando en números reducidos y siendo sumamente cautos pudieron sortear los peligros del Maruto. El haber terminado resolviendo una situación tan difícil de un modo tan básico, luego de que el plan adecuado fallara, les provocaba una gran frustración.
Pero los días avanzaban, y ya del otro lado, la marcha a Alsacia era bastante más sencilla. Solo un evento marco el viaje: estando a días de llegar a su destino, el cielo en la noche se veía iluminado como si se tratara de una gran ciudad que había al frente.
De acuerdo con Arne y los soldados de la Torre, ninguna ciudad existía en esa zona, por lo que Cho e Invictus fueron a investigar. Tras adelantarse unas horas pudieron encontrarse con un campamento gigantesco del ejército Narcés: armado con catapultas, caballería, maquinaria de guerra y aproximadamente unos quince mil soldados, se veía invencible. Y Gath de pronto vio algo, que lo dejo perplejo…
Los exploradores volvieron y advirtieron al grupo de que debían rodear el campamento, por lo que la travesía se alargo un poco, pero finalmente llegaron a un lugar donde Friedrich- quien ya estaba más repuesto – desmonto y avanzo caminando.
- Bienvenidos a Alsacia – les dijo alegre y esperanzado a la comitiva con la que había viajado. Todos se sintieron contagiados por esa esperanza, y su primera meta en esta inmensa aventura la habían cumplido.