Con el cuerpo inerte de Bastian Krupp en los brazos, Invictus no podía creer la situación. Había sido proclamado rey de Alsacia y futuro esposo de Lucy, pero no esperaba – ni nadie lo hacía – que los hechos se desarrollaran de esa forma.
Cho captó la situación desde la lejanía, donde se encontraba conversando con Arne, y partió en dirección al escenario. También Ezreal acudió producto del grito desgarrador del nuevo Rey. Franz Steppenkraut, el guardaespaldas y quien había causado la muerte de Krupp, no podía creer la situación. Aún choqueado, arrojó el arma lejos, como si ella hubiera sido la causante de la muerte de su rey, y no su fuerza, destreza y habilidad. Pero la realidad era distinta: por alguna razón u otra, había cometido el asesinato de la persona a quien había jurado proteger, y quien era la más importante en su vida.
Cuando el Rastreador hubo llegado donde el cadáver, inmediatamente lo cubrió con su capa, y conservando la mente en calma le ordenó a Invictus que salieran de vista de los comensales. Al oír la voz seca del Solar de la Noche, su amigo pudo salir del trance en el que se encontraba tras la muerte de Bastian y exhortó a Steppenkraut a seguirlo también. Ezreal, quien había certificado que la vida se le había ido a aquel hombre, acompaño tambien al grupo junto con Dante y Arne, quienes recién habían llegado.
En medio del conflicto que se avecinaba, el Círculo se encontraba en el ojo de la tormenta, en una frágil y efímera tranquilidad. En torno a una mesa, donde habían depositado el cuerpo del Rey en el centro, se pusieron a deliberar que hacer.
Rápidamente Dante se retiró y fue a ver a Lucy, la princesa, que se había marchado después de enterarse de su matrimonio arreglado y antes de que el rey muriera. Espiando desde fuera de la habitación oyó voces dentro, por lo que tras golpear y que la princesa no abriera, entró ráudamente.
A corre-vuela le comentó que el rey había muerto, y que él estaba ahí para vigilar su seguridad. Comenzó a registrar el lugar buscando al interlocutor de la conversación que había oído, y tras abrir un clóset se encontró con lo que menos se esperaba, y a la vez, resultó más obvio: escondido dentro, se hallaba Ernst Gottlieb.
Para alguien que se había criado dentro de la realeza como Lucy, que Dante estuviera pasándola a llevar y no se retirara era algo insoportable; ni la noticia de la muerte de su padrastro le afectaba en comparación con la indiferencia del invasivo miembro del Círculo. Ante la inactividad del Solar del Eclipse, optó por tomar cartas en el asunto y agarró de la mano a su recién descubierto invitado, y se marchó.

-Debemos llamar a la Reina de inmediato, ella debe saber lo que ha ocurrido – dijo al resto del Círculo Reik Teppet. Para el General de la Isla Bendita la muerte que tenía frente no era distinta a la de cientos que había visto caer en el campo de batalla. Pero dentro de su similitud, tenía una diferencia: normalmente tras caer alguien, él simplemente era encargado de organizar cómo llenar ese lugar en las filas. En esta oportunidad, tendría que tratar directamente con las personas amadas del difunto, su familia, y tal sensación lo conmovía profundamente.
En el intertanto, Invictus intentaba calmar a Franz, quien estaba desesperado y fuera de sí. Tras pasar el efecto de desconcierto, lo había inundado el miedo de ser acusado de regicidio, con el castigo y principalmente la deshonra que ello significaría
Cuando la Reina llegó, todo se desplomó. Quien se había mostrado como una persona distante y fría los días anteriores, cedió en esa oportunidad a sus emociones y rompió a llorar junto al cuerpo de su marido. Esa situación se dilató por varios minutos, los que se hicieron eternos. El Solar de la Noche intentó consolarla, y Teppet le dirigió palabras tranquilizadoras. Cuando las lágrimas se le acabaron, se levantó y se dirigió donde Invictus.
- Ha muerto el Rey. Viva el Rey. – le dijo – Espero que seas un buen líder para esta tierra, y que te portes a la altura de las circunstancias. Te explicaré tu primera tarea como regente en tu despacho. Sígueme.
Los dos se marcharon, y dejaron al resto del circulo aparte.
Arne y Cho decidieron llevar el cadáver de Bastian a la Cámara de los Reyes, lugar donde se dejaba el cuerpo del jerarca las primeras horas tras morir. Reik ayudaría a Invictus en lo que pudiera, por lo que esperaría a que volviera de su entrevista con la reina.
De pronto el Rastreador cambió su expresión, y sorpresivamente le pidió a Steppenkraut que ayudara a Arne a llevar el cuerpo del Rey. En su mente se trazó un acelerado plan: la exaltación infernal, los dos candidatos, las exaltaciones eran en momentos críticos. Todo hacía sentido, y esa situación era propicia para que el evento que el Círculo temía, ocurriera. Acelerado, partió en dirección al cuarto de Lucy, pero cuando llegó ella ya se había marchado. Sin que eso fuera un obstáculo, la siguió, y pudo dar con ella. También halló a Dante, quien tras la súbita salida de Lucy junto con Ernst, había decidido acompañarlos también. Escondidos a metros de distancia, comenzaron a vigilar la extraña pareja de princesa y demonio.

- Debo pedirte algo. – dijo la reina de Alsacia. – En esta tierra somos gente de tradiciones y que respeta a sus antepasados. Mi marido fue un gran rey, y no soportaría la vergüenza de que no fuera recordado ni conmemorado como tal. Tu primera tarea, y que te la pido imperiosamente, es que cumplas con las ritualidades funerarias de este país.
- Su majestad, haré todo lo posible por que el gran Rey Bastian Krupp no sea olvidado, y cumpliré a cabalidad todos los ritos – respondió el Solar.
Conforme con la respuesta, la Reina le entregó uno de los muchos pergaminos que habían en el despacho del Rey, donde se encontraban en esos momentos. En él estaban contenidas todas las formalidades de la muerte de un regente, e Invictus se propuso observarlas todas ellas: el envío de cartas a toda las familias reales de la zona, el luto de una semana, los cánticos y los rezos establecidos.
- Una última cosa. La noticia del fallecimiento de mi marido comunícala lo antes posible – le pidió la Reina antes de retirarse.
Con una nueva tarea sobre los hombros, se encaminó donde Reik, y le solicitó al Solar del Alba que le ayudara a componer un discurso para informar lo acaecido. Conjuntamente con ello, localizó a Dante, quien se encontraba hostigando a Lucy y Ernst.
En ese juego de preguntas desagradables y silencios que se estaba librando entre el demonio de Doce Dedos y el comerciante del Gremio, una pregunta aparentemente inocente que se deslizó fue respondida afirmativamente.
- ¿Les fue bien en Eisenach? – pregunto Gottlieb
- Si – respondió Dragovic. Y continuo increpando a la pareja.

Cho se quedó vigilando a Lucy, quien era abrazada por el pianista y se veía tan inmóvil que parecían ilusiones, mientras que Dante, Teppet y el recién asumido Rey hacían los preparativos para el funeral.
Tras elaborar y enviar las cartas de protocolo para los demás Reyes locales, los Solares se fueron a acostar. Gath siguió a Lucy y a Ernst y se escondió en la habitación de la princesa, desde donde siguió espiándola.
- Hiciste bien – fueron las únicas palabras que dijo la criatura de docededos a la princesa antes de caer dormidos.

El día siguiente transcurrió entre tramites, espionaje y un ambiente de tristeza general. Alsacia se enteró a la mañana siguiente de la muerte de su Rey y de la ascensión de su nuevo regente. Reik se encontró con el Káiser, y tuvieron conversaciones respecto al ejercito de Eisenach.
Sorpresivamente Willhelm demostró ser un fantástico conocedor de sus tropas, y sus conocimientos rivalizaban con los de los mejores generales de la Isla Bendita. La aparente baja confianza que se tenía el Rey de Eisenach era, al menos en esta materia, infundada.
El Solar de la Noche siguió espiando a Lucy, quien se despidió de Ernst, pues que este se marchaba. En el día no ocurrió ningún evento que llamara la atención del Solar, pero este estaba aun preocupado ante la idea de la Exaltación. El momento había sido crítico, y sin embargo la princesa lo había tomado con absoluta calma. Y yendo más lejos – pensó Gath – su actitud parecía indicar que sabía perfectamente que su padre (o, en realidad, mero padrastro) iba a morir. Esa idea le hacía cuestionarse que planeaba esa hermosa mujer.
En un minuto que tuvo durante la noche, se dirigió a Invictus y le dijo: – ¿Has pensado que quizás Krupp planeo todo esto? ¿Nombrarte sucesor, sabiendo que eras un solar del Crepúsculo? Quería decir que si el moría podrías darle el paso al más allá de forma inmediata, sin rituales. ¿Que aprovecharíamos siete días de tregua para hacer lo que quisiéramos? Por otro lado, que eras el más apto para proteger a Lucy, y quien sabe si de si misma. Podría ser que incluso la misma princesa supiera de esto, pues su actitud parece ser la de alguien a quien la noticia no la toma por sorpresa. Creo que deberías tomar una actitud más activa, y no dejarte estar, en esta ocasión, por toda estas formalidades.
- Soy el rey de Alsacia, y tengo que respetar las tradiciones de mi pueblo. Ademas, la Reina me lo pidió, y no puedo hacer la bajeza de no cumplirle – le respondió.
- ¡Pero piensa, Invictus! ¿Te parece que el Bastian que conociste el ultimo día no era un tipo capaz de idear algo así? Creo que estas cometiendo un error… – y se marcho a continuar espiando a la hermosa chica que era el centro de los problemas.

Esa misma noche, Dante ideo un plan astuto. Ante el hermetismo que había desarrollado la princesa, la abordaría como un aliado en contra de Invictus. De esa manera, ya fuera que lo eligiera a él o eligiera a su futuro marido como alguien en quien confiar, estaría escogiendo a alguien del Círculo. Por tal razón, simuló que sus herreros y su caravana habían sido confiscados por el Rey de Alsacia, y que entre ellos se había producido una separación
Aparentemente la medida no dio resultados, pues la princesa no demostró interés por ninguno de los dos, y la única muestra de afecto que exhibió fue que aceptó salir a pasear con su futuro esposo. Dicho momento reveló que Lucy se sentía a gusto con quien la acompañaba, pero que la idea de pasar una noche con él le molestaba.
- No tiene porque ser aún – respondió un incomodo Invictus. Tener que rechazar, o sencillamente dilatar, esa chance y con esa belleza le parecía un martirio, pero reconocía también que pasarla a llevar en ese tema era algo intolerable.

El día siguiente fue más de lo mismo. Burocracia post mortem, cartas, discursos. El ambiente estaba impregnado de inciensos exóticos para velar a Bastian.
Reik en un momento se apartó para ir a la biblioteca. Ya la había visitado la tarde anterior para ir a buscar mapas, de forma que cuando se reunió con el Káiser las estrategias que planearon fueran más efectivas, pero cuando volvió a ir iba con una razón distinta: la biblioteca era muy antigua, y contenía información respecto a la Primera Edad. En ella habían hallado un libro sobre los Exaltados, criaturas de las que se contaban muchos relatos pero se sabia muy poco. Y en particular, si había información de la Exaltación Infernal, seria ahí.
El castillo de Alsacia había sido planeado inicialmente como una biblioteca, y en torno a ella había surgido el resto del reino. Era consistente entonces que dicha biblioteca estuviera muy nutrida de información Y el libro que habían hallado de los Exaltados, y que había sido quemado parcialmente en esa extraña noche, revelaba información de los Elegidos del Infierno.
Teppet, reconociendo que su capacidad para investigar estos asuntos era limitada, llamó a Dante. Entre los dos comenzaron a revisar el lugar, en particular, la historia de dicha biblioteca.
La información era escasa, pero parecía referirse a lo Salvaje. Habían nombres y referencias cruzadas, pero no hacía mucho sentido, pues faltaban piezas. Invictus, que llegó después de un rato donde los solares del Eclipse y el Alba, les sorprendió con una revelación:
- Probablemente si falta información en la biblioteca, es porque ha sido llevada al despacho del rey. – Minutos más tardes, los tres solares se encontraban investigando en ese lugar.
La fortaleza había sido edificada aproximadamente en el año 700, y había sido construida como una forma de contener lo Salvaje. La biblioteca por su parte había sido investigada por uno de los reyes de antaño, Augustus Krupp, quien misteriosamente había desaparecido tras descubrir el objetivo de la misma. Su nieto, años más tarde, había continuado la investigación, pero había desistido. Todos esos datos estaban en los pergaminos personales del Rey, y por consiguiente, nadie que no hubiera tenido la corona había tenido acceso a ella. O eso era lo que esperaban.
Con toda la información reciente, los solares estaban asombrados. Pero lo que más los asombro fue que tras volver a revisar los nombres de los reyes para continuar su labor investigativa en la biblioteca, uno de los libros que estaban revisando misteriosamente desapareció Al revisar nuevamente, el libro se encontraba en la repisa donde lo había encontrado la primera vez, pese a que nadie lo había vuelto a su lugar.
Extrañados con la situación, Dante dio curso a un arrebato de locura y dio vuelta el lugar, desordenando todo y poniendo a prueba la capacidad de dicha biblioteca de burlarse de él. Asombrosamente al hacer eso, y vaciar los estantes, pudo percatarse de lugar que antes no eran visibles y donde se habían pintado runas antiguas.
Tras limpiar el barniz del estante y dejar al descubierto el texto, dichas runas revelaron ser el sello para frenar lo Salvaje, y constituían lo que había sido capaz de detener y de dar forma a lo Informe.

Gath, que llevaba tres días siguiendo a Lucy, decidió que ya era suficiente, y que si el no hacia algún movimiento, definitivamente Lucy no revelaría nada. Optó por disfrazarse del fantasma de Krupp, y presentarse frente a su hija compasivo pero feliz, haciendo que su hija se conmoviera y le pidiera perdón por haberlo matado. De esa forma la princesa confesaría su crimen, o al menos le daría más pistas de donde aferrarse.
Pero la princesa no creyó el disfraz. De hecho, su actitud de incredulidad era tal que el Solar de la Noche prefirió dejar de hacer el ridículo y se confesó: – Lucy, te queremos proteger. Te he estado siguiendo los últimos tres días…
Al día siguiente los preparativos para la llegada de los invitados se notaban, y ya no solo el ambiente estaba saturado de olores fúnebres, sino que los cantos y los colores eran mortuorios. Todo tenía una ambiente de respeto y sobriedad enormes. Nadie pudo preocuparse del tema de la biblioteca ni pudieron reunirse mucho, pues la muerte de Bastian les exigía todo su tiempo.

En un momento que no fue capaz de determinar, Gath despertó en un palanquín No tenia conciencia de como había llegado ahí, pero si de que su cuerpo estaba mal herido. Se encontraba en un lugar cómodo, donde estaba siendo llevado sin amarras ni grilletes. Al poco rato un curandero abrió las cortinas del carruaje, y lo examino. El solar simulo no haber despertado aun.
Tras ello, miró con sigilo al exterior y pudo percatarse que se encontraba en una comitiva del Imperio Narcés, y que aparentemente marchaba rumbo a Alsacia. Tras ese descubrimiento, volvió a recogerse en el palanquín. Horas más tarde, la cortina volvió a abrirse y apareció Efasio.
- Hola, hola amiguito, no pensé que fueras a despertar tan pronto. Debo decir que fue una total insensatez que fueras a intentar combatirme a mi sin más armas que ese tonto palito – y entro al palanquín.
La conversación era angustiante, y Gath sabia que su vida pendía de un hilo. La misericordia por la que ese maníaco lo había dejado con vida podía acabarse en cualquier momento, y sabía que debía elegir las palabras correctas si quería salir vivo.
- No fui a combatirte por que esté en contra tuya, Efasio. Alguien me controló mentalmente. Me extraña que no hayas notado el hilo de saliva que debe haberme corrido, o que haya luchado como un torpe – ironizo Gath.
- No no, la verdad es que pensé que eras un baboso y un inútil. Mal que mal, es difícil ver como un igual a alguien cuando eres un Dios. – Parecía que Efasio realmente se creía una deidad, y tras seguir conversando le reveló que desde que el Sol Inconquistado lo había dejado, su nuevo maestro le había dado una nueva oportunidad y le había dado esos nuevos poderes.
- Lamento muchísimo que te hubieran abandonado, amigo. Créeme que desconosco que pasó, pero que si hubiera estado ahí, te habría ayudado. Siempre te he querido ayudar, y necesito que tu también me ayudes – le imploro Gath. Este creía que su amigo, su compañero, aun seguía ahí, frente a él, debajo de esa manía y locura que había desarrollado, la que confiaba que de algún modo u otro podría remediar.
Tras seguir hablando, el Solar de la Noche pudo concluir que su amigo había sido abandonado – o así sentía el – en un momento doloroso por el Dios Sol. Que dicho abandono le dolía muchísimo, y que luego había sido tomado y levantado por un personaje desconocido, que le había trastornado y convencido de seguir una nueva misión. Y a Gath le parecia saber de quien se trataba, pero no podía acertar quien.
- Pero solo te dejaré vivir si me acompañas en este manjar. Elije, tu dignidad o tu vida. – le espetó, y lo puso en la disyuntiva de abusar de una inocente niña rubia que había traído, o de morir en sus manos.
Cho intentó desviar el tema, y proponerle que una experiencia más interesante seria volver a combatir juntos, a lo que extrañamente Efasio accedió. Por lo visto, quería ver de que era capaz su antiguo aliado antes de matarlo o seguir con su tortura.
Y en ese momento el Solar recordó ese extraño sueño que había tenido una semana antes, donde era violado y abusado, y que estaba convencido de que era una experiencia que otra persona había sufrido. Y también recordó el nombre de quien lo hacia.
- Perfecto, espero aun estés en forma Efasio, porque vamos a tener que luchar codo a codo para derrotar a Somme – y tras decir Gath esto, algo dentro de Efasio se trizó.
- Claro, porque cuando estemos luchando contra Lord Carlo Somme realmente va a ser una lucha a muerte – continuó el solar de la Noche.

Al oír ese nombre, Efasio se quebró internamente. La locura y el odio que había desarrollado producto de todos esos abusos durante todos esos años se fueron de su cabeza, y las ganas de matar a su compañero cedieron ante el dolor. Una ventana a lo que había sido su vida pasada se había abierto, y eso le hacía sufrir intensamente.
- Efasio, perdona por no haber estado ahí para darte una mano. Quizás el Sol te dejó de lado, pero yo era tu amigo, yo no te dejé de lado y no lo haré ahora tampoco. Créeme, siento tu dolor de haber pasado por eso.
- Que idea vas a tener tú de lo que es pasar por algo así, idiota – le grito el Dios, que ahora parecía un niño herido y lastimoso.
- Lo se, porque también lo sentí compañero. Yo también sentí lo que era ver llegar a ese tipo con su bata verde y su sonrisa de enfermo mental. Pero vamos a vengarnos de él, vamos a hacer que pague por lo que te hizo. Déjame ir ahora, déjame ir y te prometo que le vamos a hacer pagar – concluyo Cho´Gath, totalmente convencido de ayudar a su antiguo camarada, y por quien realmente sufría de que hubiera pasado algo así.
- ¡Si, vamos a vengarnos de ese maricón! ¡Quiero su cabeza! – grito Efasio, y el Solar se marchó rumbo al bosque y dejó al Dios, que le había perdonado la vida.

Al quinto día tras la muerte de Bastian, los invitados comenzaron a llegar al sepelio. Llego la comitiva de Milivia, con su Rey y primo de la reina, Richard Crowne. También llegó el insolente y vulgar cónsul de Saris, Alvaro Barito, con su característica sed y hambre. El sátrapa no concurrió, pero de todas formas envió una corona de flores para el difunto de parte del Reino.
Reik, sabiendo que su influjo mental sobre Joachim Kent estaba por desaparecer, aprovecho la oportunidad para presentase, y al estrechar sus manos renovó la enajenación: al menos por una semana más Cracovia sería aliada de Eisenach.
Las malas noticias empezaron a llegar por parte de Blitz, quien en esta oportunidad actuaba como embajador de su nación. Le comentó a Teppet, en un lugar privado al que se dirigieron, que la situación en la capital era crítica. La gente se había enterado de la salida del Káiser ad portas de una guerra y lo trataban de cobarde, pero ello era solo una minucia. Lo realmente grave era que los caminantes de guerra no funcionaban.
Reik no entendía mucho de su funcionamiento, pero como oficial sabía que perder esa fuerza de combate era equivalente a perder de antemano la posible guerra. Por tal razón el Káiser debía volver a la capital de inmediato.

En otra parte, y mirando el horizonte, Dante pudo ver un granero en llamas. Esa contraseña, establecida por el Círculo, significaba que algo malo y grave había pasado. El Solar del Eclipse concurrió, y se encontró con Gath, quien llamaba a sus aliados para comunicarles de la terrible situación: Lucy lo había enviado a morir, se había encontrado con Efasio y este venía hacia acá
Idearon un plan, pero la verdad es que de poco iba a servir. Los eventos que tenía preparada la suerte para ese día eran malas, y aquellas eran solo la primeras que recibirían, ya que al poco rato un mensajero se acercó, pálido y temblando, donde Invictus.
- Su majestad, vinieron.
- ¿Quiénes? – pregunto un desconcertado Invictus. Esperaba que llegaran todas las delegaciones, y no veía nada de alarmante en ello.
- Ellos su majestad. Ellos…. los del imperio narcés.

Al acudir al salón principal, pudo ver una escena aterradora. En la entrada de su castillo, escoltado por un almirante despiadado y un guerrero tigre, se encontraba el deifico y maniático Efasio. Y sus ojos libidinosos miraban a Lucy, quien se había plantado en el centro del salón, a confrontarlo.
- Una presa muy hermosa tienes acá, Rey de Alsacia. Creo que esta vez podría hacer una excepción. Una joyita pasada de años. Podría perdonarte tu reino por ella.
Invictus avanzó, convencido, y le tomó la mano a Lucy. Sentía el terror de ella, pero el estaba dispuesto a calmarla y acompañarla. Efasio siguió.
- Mira, déjame tenerla un ratito – dijo con sus gestos dementes – y les perdono la vida a todos. Sino, los hago arena… a Todos en esta miserable tierra. Ya, ahora correte para dejarnos solitos – como si quisiera minimizar y hacer de la escena algo pueril.
Invictus sabía de la capacidad de ese loco, y dio un paso atrás. Efasio siguió avanzando, y todos desviaron la mirada. Esperaban que saciado ese maníaco sexual efectivamente les perdonara la vida, aunque para eso tuviera que pagar el precio la Princesa del Reino.
Llego al lado de ella y comenzó a acariciarla. El rostro de seguridad que antes mostrara Lucy se desfiguró, y se volvió franco terror. Cuando la mano de el dios bajo del cinturón de la chica, ella solamente cerro los ojos y se puso a balbucear como una niña. Efasio se regocijo en ello.
Pero había alguien que no iba a permitir que Lucy fuera ultrajada. A quien calculaba la vida en números y le importaba más la pureza de su amada que la muerte de cien personas o todo un reino. Arne Friedrich avanzó vistiendo su valor, su armadura con los colores de Alsacia y su hombría a pesar de su cuerpo mutilado, a detener al ser más poderoso que había en esa habitación. Al ver Efasio eso, sacó sus manos de la chica y de un simple aplauso volvió al Paladín de Alsacia simple estatua de arena. E incapaz de mantener la forma, dicha arena cayó y se desparramó en el suelo.
Nadie atinó a que estaba ocurriendo. En un instante la situación, que era de una tensión absoluta, cambió a una tristeza indescriptible. A nadie fue indiferente el gesto de heroísmo de Arne, que en el último momento de vida les dio a todos una lección de gallardía y que ese mismo hombre, por su valor y la cobardía de los demás, había muerto.
Unos instantes despues, y que pareció durar horas, ese silencio y consternación se rompió, y fue con el llanto de la muchacha. Lloraba por haber perdido a quien realmente la amaba, la persona que había dado la mayor muestra de amor por otro: el dar la vida. Y si su voz al cantar había sido hermosa, su llanto al sufrir atravesaba hasta el hielo.
El canto de dolor que era su llanto encendió otro corazón, y otro hombre se abalanzó, envalentonado por el alcohol, sobre Efasio, no a detener sus abusos sino a darle una paliza.
- Vas a pagar lo que le hiciste – gritó Alvaro mientras se lanzaba a la carga. Efasio, con sus reflejos perfectos, lo vio venir y nuevamente aplaudió para convertirlo en arena. Pero su magia no resultó, y el puño del bárbaro de Saris le dio con todo el hocico del Dios.
Al ver esto, el ambiente se volvió un caos. Todos se sintieron envalentonados y quisieron aprovechar la oportunidad. Nélson Astorga intentaba detener la masacre que se iba a librar, al mismo tiempo que Franco Alonso protegía a Efasio, quien sin sus poderes parecía un “blanco fácil”. Al mismo tiempo, Invictus dudaba que hacer y finalmente se decidió por sacar a Lucy de ese lugar, donde el peligro era inminente.
En el patio interior, finalmente el Círculo pudo reunirse. Cho se encontraba con el Rey por primera vez desde que fuera atacado por la princesa, y reaccionó desenmascarando a la Princesa frente al Solar músico. Esta se sintió aun peor, y se marchó a su habitación.
Invictus subitamente reaccionó y descargó su enojo con la persona que más al alcance tenía y más debil se encontraba, que era el Solar de la Noche, y tras esquivar el ataque este le reprochó que no se portara como un niño, porque todo esto venía arrastrándose por una serie de malas decisiones, donde el había tenido un rol protagónico. El del Cenit no fue capaz de afrontar esto, y se retiró. En esta oportunidad las palabras del Solar habían atravesado la coraza que su amigo se había construido, y aparentemente había decidido actuar.
Invictus partió en dirección donde Lucy, pero la misma fuerza que días antes había arrastrado a Cho a luchar contra Efasio lo repelió de la habitación. El rastreador había previsto esto, por lo que secretamente había seguido al Solar de la guitarra, y avanzó a camino a la puerta de la muchacha, sin embargo la gravedad de sus heridas y el nulo tratamiento que habían recibido estas hasta entonces lo hacía especialmente torpe, sin contar con el hecho de que permanentemente Invictus volvía a caer bajo la extraña fuerza que lo controlaba e intentaba apresar a su amigo para que se alejaran de ahí. Eso hizo que el tiempo hasta que llegaron al dormitorio y pudieron percatarse de que Lucy había huido fuera extenso.
La siguieron, pero la muchacha era hábil e intentaba perderlos por los pasillos. Finalmente llegaron a las caballerizas, donde todas las monturas estaban muertas, y la damisela solo había perdonado a aquella en que había huido. A campo traviesa, con Lucy montando y ellos a pie y cayendo víctima del extraño dominio mental, la tarea se hizo imposible.
Reik, Ezreal y Dante escoltaron a Blitz en dirección al Káiser, pero en el camino se encontraron con Invictus y Cho que volvían derrotados de su intento de persecusión. Dicho sentimiento era en realidad compartido por todo el Círculo: la muerte de Arne, la desaparición de Lucy, la incertidumbre de que estaba haciendo Ernst, el conflicto en Eisenach y sus caminantes de guerra deshabilitados. Y, para terminar, el encuentro con Efasio, el que había resultado horrible. Las cosas habían funcionado los últimos días para los Solares, pero esas ultimas veinticuatro horas habían sido desastrosas: era hora de sacar fuerzas de flaqueza y enfrentar los problemas, o sucumbir ante ellos y rendirse.

Tras desbaratar el culto que existía en el Gottendamerung, el Círculo tenía claro que el siguiente paso era informar al Kaiser de que el problema había sido resuelto y que los fieles de Bacu se marcharían. Pero no sabían como enfrentar el descubrimiento que habian hecho, el cual vinculaba a Ernst Gottlieb en el impío proceso de una exaltación infernal. De ser así, estaría tejiendo un plan a espaldas de su Señor, y mas aún, revelaba un dato atemorizador: cuan hondas podian ser las redes de mentiras y conflictos que se tejían en los Cien Reinos, donde recién estaban viendo los primeros hilos. Y tal vez aun peor, podía ser incluso que Efasio tuviera algo que ver con el demonio de los Doce Dedos.

Angustiados, los Solares dejaron pasar la noche y al amanecer fueron rumbo a la aldea que – con el paso de los años –  había surgido al rededor del monumento. Pudieron percatarse como en ella el hambre y la vejez era lo único que abundaba, ya que en las calles no se veían jóvenes y las personas lucían los rasgos de la mala alimentación y el frió.

Con los primeros rayos del sol pudieron contemplar el restante paisaje de Eisenach. Ya habían visto la tierra de esta zona de noche, y era un desierto helado. Pero verla a plena luz era desolador: prácticamente no había verde, en el suelo abundaban los cráteres de las explosiones de  guerras pasadas, barriales y lugares cubiertos de nieve ensuciaban las piedras y la arenisca que componía el suelo del lugar. En definitiva, ahora era una tundra, y antes había sido un campo de guerra.

Al percatarse la gente del lugar de la presencia de los extranjeros, les rehuyeron, pero tras seguir recorriendo las calles una mujer algo mayor se les acercó y les consultó que motivos los traían a esas desoladas tierras. Invictus converso con ella, e intentando tranquilizarla le comento que eran aventureros y que habían venido a mejorar un poco las cosas, en especial en cuanto a los cultistas de Bacu.
Ademas, ya no les robaran los víveres, pues los hemos derrotado.

La mujer, apesadumbrada, le agradeció el hecho, pero por alguna razón no se veía del todo dichosa con la situación. Gath no tardo en captar el motivo, y continuó:
- Si, nos encargamos de ellos y ahora están en una procesión en dirección a la fuente donde nació Bacu.
La respuesta tranquilizo a la mujer, ya que ello significaba que los creyentes no estaban muertos. Por lo visto, a pesar de que esa gente no trabajaba y se dedicaba a robarle a la aldea, los mismos aldeanos no podían desconocer el hecho de que muchos de ellos eran sus primos, hermanos o hijos, y por lo tanto saber que habían muerto no era una buena noticia.

El rumor de que los fieles de Bacu ya no merodeaban, y que ademas que estaban con vida, mejoró bastante la actitud de la gente con el Circulo. Ante esa muestra de cordialidad, el grupo se conmovió y decidió ayudar a esa gente, que se encontraba abandonada en una tierra baldía.
Cho descubrió que unos arboles de la zona, tras un exótico y complejo tratamiento, eran comestibles. Ezreal se dedico a investigar el río que corría en la cercanía e Invictus, tras revisar el lugar y la maquinaria que había instalada, compuso una pequeña melodía para la gente. Ella relataba como debía comerse el alimento que el Solar de la Noche había ideado, de forma que la gente no lo olvidara y pudiera prepararlo fácilmente.

El resultado fue todo un éxito, y el Circulo se sintió feliz de haber resuelto en parte el problema del hambre del lugar. Y llendo aun mas lejos, Gath ayudó al ayuntamiento del lugar, haciendo renacer su sistema de comercio y – valiéndose de sus encantamientos de solar y aportando con dinero del Círculo – mejorando la productividad del lugar enormemente.

Ahora aumentaría la cantidad de abrigos que se hacia semanalmente, la cual seria indispensable para apertrechar al ejercito cuando tuviera que enfrentarse con las hordas del Imperio Narces, en pleno invierno.

En ese pequeño pueblo los Solares veían como todas sus acciones repercutían rápida y positivamente: en menos de una mañana habían cambiado la perspectiva futura de esa gente, y ello los alegraba profundamente. Pero en el fondo sabían que todas esas acciones, que aun cuando eran muy nobles y caritativas, no eran su prioridad en ese momento, y tuvieron inexorablemente que partir a la capital de Eisenach. No podían seguir dilatando lo inevitable, y deberían tomar desiciones.

El viaje se sintió breve, pues durmieron en un coche que los transportó, y al despertar todos se sentían mas descansados… excepto Cho, quien aparentemente no habia dormido nada y exhibía una mala cara.

Ya a algunos kilómetros se podía ver la capital de Eisenach. Un castillo amurallado construido sobre una meseta constituía la capital del lugar. La edificación era principalmente de piedra y acero, y su aspecto era el de sobriedad y al mismo tiempo eminencia. Las torres eran gruesas y reforzadas, y desde sus cumbres podía contemplarse toda la tierra que gobernaba. Las banderas lucían los colores de la familia del Káiser, una bandera blanca con franjas negras en la parte superior e inferior y un águila con dos cabezas un cetro dorado en cada una de sus patas. Todo daba la impresión de estar en orden y racionalmente dispuesto.


El Círculo ingresó a la fortaleza y pudo contemplarla por su interior. En ella habían bastantes casas, muchas fábricas y al cabo de un rato pudieron dar con una posada. Al ingresar, Cho pidió rápida y groseramente  una habitación y baño y se retiró. Sintió que esto le ayudaría a recuperarse de su traumático viaje…

Invictus se hizo cargo de Vaio, con quien se sentó a conversar, e invitaron al joven aldeano que había hecho las veces de cochero a acompañarlos. Tras algún rato de conversación y cervezas, los menores se durmieron. El Solar del Cenit se dispuso a tocar algo y acercarse a las muchachas que habían por ahí, pero inevitablemente, al verlas también pensó en cuanto mas hermosa que ellas era Lucy, la princesa de Alsacia, y su interés por esas rameras desapareció.

La belleza de aquella mujer opaca totalmente la que pudiera exhibir otra chica, y para alguien que hasta ese momento no había estado con una mujer tan deslumbrante nunca, pensar en estar con esas mujerzuelas era como beber vinagre cuando se ha probado el vino. Decepcionado, Invictus apuro su cerveza y comenzó a meditar en que haría respecto a la princesa.

Ezreal por su parte fue al hospital a ver si podía ser de utilidad. En el pudo percatarse de una situacion sumamente extraña, y a la vez, tremendamente evidente: debido a la gran industralización que había en Eisenach, muchísimas personas tenían día a día heridas, fracturas, golpes y laceraciones con la maquinaria. A su vez, el tremendo ejercito del lugar requería permanentemente de curaciones y alivio de quebraduras.

Ambos factores habían llevado a los médicos del lugar a ser expertos en la sanación de tales dolencias, pero lo relativo a las enfermedades había sido dejado totalmente de lado; un simple resfrió resultaba en muchos casos fatal para los habitantes, y el Solar se dedico a hacer algo al respecto.

Tras conversar con el medico a cargo, y autorizado por el mismo, se dirigió a la zona de los enfermos e hizo maravillas: Tras unas horas, dos personas – las que a juicio del medico local eran las más graves – habían sido sanadas. A cambio de tamaña hazaña, el doctor le prometió a Ezreal no comentar nada de lo sobrenatural que había visto, ya que el Exaltado había hecho uso de parte de su esencia para salvar a esa gente. Por otro lado, el médico le comentó el tremendo parecido que tenía con el difunto padre del Káiser. Además de algunos rasgos físicos y la habilidad de curar a los heridos, tenía ese extraño sello dorado en la frente. El médico estaba sorprendido y no evitó hacer notar su descontento con el actual Káiser que carecía de dichas características.

Nuevamente, en pocas horas, el Circulo se reunió. Ezreal volvía conforme con su labor, pues en pocas de horas le habia salvado la vida a dos personas. A cambio de eso, Invictus divagaba nostálgico y Gath se mostraba derechamente ofuscado. De hecho, al reunirse y comentar las impresiones que habían tenido de la ciudad, el Rastreador le esgrimió al Solar del Cenit que nuevamente había emborrachado a Vaio, y que se estaba portando como un irresponsable con el joven.

Invictus desmintió la acusación, y le respondió a un alterado Gath que los jóvenes estaban durmiendo, y que si queria podia verificarlo el mismo. Cho acepto la propuesta y le levanto al quinceañero del pelo, para luego abofetearlo y hacer que espabilara de su ebriedad.
- Mira como esta borracho – le dijo. Y al mirar el rostro del niño, pudo ver como este estaba con claras muestras de sueño y cansancio, pero no de haberse pasado de copas, y le devolvió una mirada de desconcierto y dolor por lo que recién había pasado. Inmediatamente despues, Vaio se soltó y con una mirada de enojo, subió al segundo piso donde cerro la puerta de golpe y se acostó.
- Bueno, creo que lo mejor seria ir a hablar con el Káiser – fue lo único que decir el Solar de la Noche, sintiéndose muy mal por la actitud que había tenido, y los demás asintieron.

Antes de partir, Ezreal les advirtió de un hecho importante que habia descubierto. El anterior Káiser había sido – aparentemente – un exaltado Solar. Dicho relato era congruente con el que manejara un Caminante de Guerra, y ponía nuevamente la duda de quienes serían los candidatos a la exaltacion infernal que estaba preparando Ernst.

Pese a lo tarde que era, al Círculo se le permitió el ingreso al interior del Palacio de Eisenach, y el Káiser los mismo los recibió. Tras cruzar saludos, el regente les pidió que le informaran los resultados de su expedición. Los Solares le contaron todo, excepto lo relativo a Ernst, y ademas agregaron al relato los hechos en la aldea cercana al Gottendamerung y las hazañas de Ezreal salvándole la vida a los enfermos de la capital.

El Káiser se encontraba asombrado: no solo habían realizado la labor encomendada con una diligencia impresionante, sino que ademas se habían encargado de arreglar los problemas de una villa y conservado la vida de dos compatriotas.

Impresionado y secretamente celoso, el regente de Eisenach les comentó que gente como ellos es lo que le hacia falta al Reino, y posteriormente les hizo una propuesta inesperada: les ofreció ser sus Consejeros. Los Solares se sintieron sumamente incómodos con la propuesta, y todos arguyeron razones para evitar rechazar la oferta.

Su Majestad, me honra con su oferta y estoy gustoso en aceptarla. Ser su consejero me parece algo interesantísimo. - respondió Gath cuando fue su turno de contestar.

¿Pero…. ?- continuó la frase el Káiser, esperando una elusiva como la que ya había obtenido de los demás.

¡Pero nada! – continuo el Solar del Sur – Es solo que, siendo su consejero, tendría que pedirle que me permitiera estar habitualmente fuera, pues como sabrá también tengo que preocuparme de mis orfanatos.

Al Káiser no le interesaba tal modalidad de consejero. Además les comentó que Ernst no había vuelto de Alsacia, pues se había apartado “por razones personales”. Este hecho no preocupaba al Káiser puesto que en tiempos de guerra las labores de su consejero de paz no eran prioritarias. Para el círculo, apartar al Káiser de su consejero y posible traidor les evitaba correr un riesgo, en especial, de que fuera él quien se tenia pensado Exaltar, al mismo tiempo que podían conseguir un aliado mucho mas cercano.

Para Cho era evidente que, en su fuero interno, el Káiser añoraba tener la fuerza para correr las aventuras que el Círculo le relataba. Actualmente se encontraba atado por la burocracia y el temor a que un traidor le robe su corona. Las canciones de Invictus sirvieron para exacerbar el sentimiento de arrojo, que se encontraba sepultado en el fondo del corazón del Káiser. Todo de acuerdo al plan del círculo…

La conversacion termino poco despues, y acordaron reunirse al día siguiente, tiempo que transcurrió lentísimo para el Circulo, el cual deseaba partir lo antes posible. En el tiempo que debían esperar, Invictus ideo un plan para hacer que el Káiser no dilatara tanto la aventura, y compuso una canción que hacia infundía premura en quien la oía.

En ella se relataba como la ciudad de Espinas había caído por la demora de sus generales, que en lugar de dar un golpe preciso y oportuno, prefirieron esperar a tener todas sus fuerzas reunidas. Pero cuando ya lo habían logrado, el enemigo los tenia sitiados y los aniquiló en tan solo tres horas. La historia, por lo tanto, era sumamente convincente si se trataba de apurar a alguien que tenia como su máxima motivación la prosperidad de su nación.

Ese día lo aprovecharon los demás Solares para tener lista la partida, de modo que en cuanto el nuevo integrante se convenciera pudieran partir. Reunieron equipo y provisiones, y Gath aprovecho un momento para reunirse con Vaio y pedirle disculpas por el incidente del día anterior.
Le comento que ese día había estado sumamente alterado y afectado, y que había actuado fuera de si. La razón de tamaña enajenación había sido un sueño que había tenido; otro de esos sueños vividos que le perseguían últimamente, solo que en este la situación habia sido distinta. En lugar de la alegría de sentir su motivación cumplida o la angustia de sentir que había perdido a su complemento, en esa oportunidad había sentido el dolor de ser abusado. Ver una realidad que se alejaba diametralmente de su juventud, la otra cara de la moneda. Vaio aceptó las disculpas y ambos dieron el incidente por resuelto.

La noche siguiente la velada fue abierta con el Requiem de Espinas, y al concluirla era dificil para el Rey de Eisenach resisitrse a partir, pero aun así algo lo ataba. Pese a que su intención de lanzarse a la aventura era fuertísima, una fuerza igualmente poderosa lo amarraba. El grupo percibió esa tensión y comenzó a interrogarlo para intentar adivinar la fuente que lo detenia.

- Me preocupa una traición. Una traición interna – respondió el Káiser. Y ante la pregunta de quien podía ser el causante, sorpresivamente respondio: – Me preocupa que Blitz, de forma no intencional, me arrebate el reino. Es el general épico que mi pueblo siempre ha deseado como su líder.

Dicha revelación causó sorpresa entre los presentes. Les explicó que se venia una gran guerra, y el pueblo reconocería como a su rey a quien resultara victorioso de ese conflicto. Su padre, en la Guerra de la Unificación, había triunfado y había sido adorado por la gente. Si el no hacia lo mismo y conseguía la admiración de su pueblo, perderia – en los hechos – el trono. Realmente no se está seguro si esto será cierto o bien si no será que Manfred Hohenstaufen, el Káiser, simplemente ve con excesiva inferioridad su actual estado.

El Círculo le ofreció varias alternativas, y finalmente el Káiser se convecio por una. Partiría esa misma noche y volvería lo antes posible tras convencer a Nelson Astorga, el Almirante Narces, de aliarse con Eisenach contra el Imperio Narces. Ello le daría el reconocimiento de sus generales y la admiración que tanto busca de su gente, y posteriormente Reik Teppet le ayudaría a dirigir personalmente su ejercito, de modo que el General Blitz quedaría relegado a un segundo lugar en la victoria. El plan parecía convincente y además el Káiser se sentía inusualmente en confianza con el Círculo.

Como prueba de su aprobación y esperanza en los Solares, y tras oír el plan, el Señor de Eisenach les ofrecio eventualmente nombrarlos Caballeros, un titulo tanto o mas importante que el de Consejeros, que ya les habia ofrecido.

Ante la sinceridad y confianza que estaba depositando en ellos el Káiser, el Rastreador decidió jugar una carta arriesgada, pero que significaría ser recíproco en la fe puesta en ellos. Luego de revelarle apresuradamente que Ernst era un demonio, le dijo que “en algunas partes nosotros también somos considerados demonios”, y encendió su anima totémica suavemente. Al ver esto, el Rey de Eisenach quedó impresionado y se sintió reducido: todos a su al rededor eran entes poderosísimos: su consejero un demonio, sus nuevos aliados Exaltados del Sol Inconquistado, su padre también había sido un Solar y él, quien se creía un Rey, resultaba ser un simple peon y para colmo con un brazo débil.

Pocas horas más tarde ya salían de Eisenach rumbo a Alsacia. Pasarían por el reino de Bastian Krupp mientras se dirigían a Tendril. Esto cumplía con el doble propósito de ser el camino a Tendril, y al mismo tiempo cumplir con un extraño llamado urgente que había hecho el Rey Krupp al Circulo. Avanzaron en silencio y con sigilo, y al cabo de un par de días llegaron al Reino donde días antes los presentara Arne.

El Káiser acepto esperarlos en los alrededores, ya que si ingresaba a la Corte de Alsacia alguien podría reconocerlo, por lo que acordaron reunirse al día siguiente, por la tarde.
Inmediatamente se dirigieron donde el Rey, y este los recibió con su cordialidad habitual. Tras un intercambio de saludos y al confesares que la nota en realidad no tenia nada de inminente, se dirigió a donde Invictus y le dijo que tenían que hablar algunas cosas a solas. El Solar accedió, y el resto del grupo se marchó a preparar la continuación de la aventura.

En la reunión, Bastian le reveló a Invictus sus intenciones: debía desposar a Lucy, ya que era la única forma de mantenerla segura. Ademas, debía sacarla de Alsacia lo antes posible, pues corria un grave riesgo.

Durante la conversación, aparentemente Krupp sabía que la persona con quien estaba hablando era un Solar: de hecho, intuyó que era de la casta Crepuscular, acertándole. Y por lo tanto sabía que nadie seria mas capaz de cuidar a su hija que aquel robusto y carismatico profeta.

Y ademas a mi hija le gustas, son el uno para el otro – concluyó el Rey de Alsacia.

Si, ¿sin duda no? Pero necesito pensarlo, al menos una hora.

En ese tiempo los demas Solares habían ido a visitar a Arne, ya que sabían que él pretendía a Lucy desde antes de la llegada de Invictus. Por lo mismo, fueron a brindarle ánimo de que saldría adelante de sus mutilaciones y de que la situación con la chica se arreglaria de una forma u otra.
Al mismo tiempo que Invictus terminó su conversación con Bastian, Cho y Ezreal terminaron su visita a Friedrich, por lo que se reunieron y el Solar músico les relato del extraño encuentro que había tenido con Bastian. Cho se volvió un mar de sospechas, ya que le asombraba que lo hubieran engañado con la actitud de simplón que había tenido el Rey.

Así que lo encararon nuevamente, esta vez en grupo, y la actitud que mostró Krupp fue nuevamente la del Estadista, que los demás no habían conocido. Efectivamente solo deseaba casar a su hija y que esta fuera protegida por el mejor candidato, y ese era Invictus.
Este aceptó hacer la simulación, y que si ella posteriomente lo deseaba el matrimonio se llevaría a cabo realmente, por lo que comenzaron a hacerse los preparativos para el Anunciamiento, el cual ocurriría en un banquete en honor a los “Heroes de Alsacia” y seria esa misma noche.
En las pocas horas que quedaban, Invictus visito a Lucy, ocultándole el plan y la noticia de que seria anunciada como su mujer. Cho y Ezreal en cambio visitaron a Arne, el cual no se encontraba en su habitación. No impedido por esto, el Solar de la Noche lo siguió y pudo dar con el Paladin de Alsacia, el cual había partido junto con Lucy al rió a conversar, y algo más. Tras observarlos escondido, pudo descubrir que efectivamente entre ellos existía un vinculo amoroso, y el cual Invictus se disponía a romper.

Acelerado, partió a confrontar a su amigo y compañero para que se desistiera de la maniobra política que estaban haciendo a expensas de los sentimiento de Arne y Lucy.

Lo encontró en el Castillo, y lo encaró por su falta de lealtad con Friedrich, quien lo había traído a esta tierra como un compañero y a quien ahora le quitaba la mujer que deseaba; por frívolo, de querer estar con ella solo por satisfacer su deseo de cacería; por ridículo, pues se estaría vinculando con una mujer que casi no conocía, que moriría mucho antes que el, a quien no amaba (según su impresión) y que le dificultaría cumplir con su motivación de convertir a todo el mundo al sol Inconquistado; y por ultimo, por ser egoísta e indolente, pues pudiendo aliviarle el sufrimiento a alguien a quien el mismo conocía, no lo iba a hacer.

Las palabras revotaron contra Invictus, de forma similar a como lo hacen normalmente las espadas, y este se marchó indiferente. De vez en cuando es bueno recibir heridas, nos muestran nuestros errores. En su mente sabía que los argumentos de su compañero eran en gran parte reales, pero también sabia que Lucy corría un riesgo enorme al ser una de las candidatas para de la exaltación Infernal, y creía que al menos debía sacarla de ahí. Si el amor surgía después, bien.

Todos asistieron a la ceremonia, la cual era muy alegre y donde Lucy se veía aun mas hermosa que de costumbre y en ella Bastian los presento como Heroes. Finalmente, se detuvo en el Invictus.

- Y para terminar, quien es posiblemente el líder de este grupo. Un hombre que nos ha llenado de valor y que nos ha conmovido con sus historias. Y a quien estimo como un hijo. Es por ello que en esa noche de fiesta, aprovecho de anunciarles lo siguiente: Invictus se casara con mi hija Lucy, y sera mi futuro sucesor en el trono de Alsacia.

El ambiente se lleno de brindis y aplausos, ya que los invitados sabían de las capacidades del Solar y creían que nadie merecía tanto a la Princesa de esa tierra como aquel hombre bondadoso que había llegado a ayudarlos simplemente por compasión.

- ¡Te odio! – se oyó un grito femenino. – ¡Yo no quería que fuera así!

Desde la distancia, la Princesa estaba llorando y la noticia de su matrimonio arreglado la había descompuesto totalmente. Se marchó a tropezones a su habitación, y la cerro de golpe.

A cierta distancia del grupo, el rey de Alsasia hablaba con su yerno. La actitud que había tomado Lucy no sorprendió a su padre, quien le dijo a Invictus que con el tiempo eso se arreglaría, pues ella misma reconocía que lo quería, y que solo le había molestado la forma.  A lo lejos, Cho se encontraba consolando a Arne, quien no entendía porque le tocaba beber la amarga copa del desamor. Y la gente comentaba, entre abrazos y felicitaciones, que la princesa no tardaría en enamorarse de un caballero como Invictus.

Fue por eso que entre la conversación, las risas y el festejo nadie se percató de que el pecho del Rey de Alsacia, Bastian Krupp, era atravezado por una espada. Invictus, que se encontraba conversando frente a el, no alcanzó a reaccionar sino hasta que la espada se enterró por segunda vez en el corazón del Rey. Después de eso, las rodillas se le quebraron y su rostro quedo congelado en una mueca vacía de expresión.
Al caer al piso el cadáver, pudo verse la silueta de Franz Steppenkraut, el mas fiel guardaespaldas del Rey, quien no entendía lo que había hecho. Invictus, con la espada ensangrentada en las manos al intentar detener las estocadas, se arrodilló al lado del antiguo Rey, ya que en ese mismo momento se transformaba en el Nuevo Rey de Alsacia.