Con el cuerpo inerte de Bastian Krupp en los brazos, Invictus no podía creer la situación. Había sido proclamado rey de Alsacia y futuro esposo de Lucy, pero no esperaba – ni nadie lo hacía – que los hechos se desarrollaran de esa forma.
Cho captó la situación desde la lejanía, donde se encontraba conversando con Arne, y partió en dirección al escenario. También Ezreal acudió producto del grito desgarrador del nuevo Rey. Franz Steppenkraut, el guardaespaldas y quien había causado la muerte de Krupp, no podía creer la situación. Aún choqueado, arrojó el arma lejos, como si ella hubiera sido la causante de la muerte de su rey, y no su fuerza, destreza y habilidad. Pero la realidad era distinta: por alguna razón u otra, había cometido el asesinato de la persona a quien había jurado proteger, y quien era la más importante en su vida.
Cuando el Rastreador hubo llegado donde el cadáver, inmediatamente lo cubrió con su capa, y conservando la mente en calma le ordenó a Invictus que salieran de vista de los comensales. Al oír la voz seca del Solar de la Noche, su amigo pudo salir del trance en el que se encontraba tras la muerte de Bastian y exhortó a Steppenkraut a seguirlo también. Ezreal, quien había certificado que la vida se le había ido a aquel hombre, acompaño tambien al grupo junto con Dante y Arne, quienes recién habían llegado.
En medio del conflicto que se avecinaba, el Círculo se encontraba en el ojo de la tormenta, en una frágil y efímera tranquilidad. En torno a una mesa, donde habían depositado el cuerpo del Rey en el centro, se pusieron a deliberar que hacer.
Rápidamente Dante se retiró y fue a ver a Lucy, la princesa, que se había marchado después de enterarse de su matrimonio arreglado y antes de que el rey muriera. Espiando desde fuera de la habitación oyó voces dentro, por lo que tras golpear y que la princesa no abriera, entró ráudamente.
A corre-vuela le comentó que el rey había muerto, y que él estaba ahí para vigilar su seguridad. Comenzó a registrar el lugar buscando al interlocutor de la conversación que había oído, y tras abrir un clóset se encontró con lo que menos se esperaba, y a la vez, resultó más obvio: escondido dentro, se hallaba Ernst Gottlieb.
Para alguien que se había criado dentro de la realeza como Lucy, que Dante estuviera pasándola a llevar y no se retirara era algo insoportable; ni la noticia de la muerte de su padrastro le afectaba en comparación con la indiferencia del invasivo miembro del Círculo. Ante la inactividad del Solar del Eclipse, optó por tomar cartas en el asunto y agarró de la mano a su recién descubierto invitado, y se marchó.
-Debemos llamar a la Reina de inmediato, ella debe saber lo que ha ocurrido – dijo al resto del Círculo Reik Teppet. Para el General de la Isla Bendita la muerte que tenía frente no era distinta a la de cientos que había visto caer en el campo de batalla. Pero dentro de su similitud, tenía una diferencia: normalmente tras caer alguien, él simplemente era encargado de organizar cómo llenar ese lugar en las filas. En esta oportunidad, tendría que tratar directamente con las personas amadas del difunto, su familia, y tal sensación lo conmovía profundamente.
En el intertanto, Invictus intentaba calmar a Franz, quien estaba desesperado y fuera de sí. Tras pasar el efecto de desconcierto, lo había inundado el miedo de ser acusado de regicidio, con el castigo y principalmente la deshonra que ello significaría
Cuando la Reina llegó, todo se desplomó. Quien se había mostrado como una persona distante y fría los días anteriores, cedió en esa oportunidad a sus emociones y rompió a llorar junto al cuerpo de su marido. Esa situación se dilató por varios minutos, los que se hicieron eternos. El Solar de la Noche intentó consolarla, y Teppet le dirigió palabras tranquilizadoras. Cuando las lágrimas se le acabaron, se levantó y se dirigió donde Invictus.
- Ha muerto el Rey. Viva el Rey. – le dijo – Espero que seas un buen líder para esta tierra, y que te portes a la altura de las circunstancias. Te explicaré tu primera tarea como regente en tu despacho. Sígueme.
Los dos se marcharon, y dejaron al resto del circulo aparte.
Arne y Cho decidieron llevar el cadáver de Bastian a la Cámara de los Reyes, lugar donde se dejaba el cuerpo del jerarca las primeras horas tras morir. Reik ayudaría a Invictus en lo que pudiera, por lo que esperaría a que volviera de su entrevista con la reina.
De pronto el Rastreador cambió su expresión, y sorpresivamente le pidió a Steppenkraut que ayudara a Arne a llevar el cuerpo del Rey. En su mente se trazó un acelerado plan: la exaltación infernal, los dos candidatos, las exaltaciones eran en momentos críticos. Todo hacía sentido, y esa situación era propicia para que el evento que el Círculo temía, ocurriera. Acelerado, partió en dirección al cuarto de Lucy, pero cuando llegó ella ya se había marchado. Sin que eso fuera un obstáculo, la siguió, y pudo dar con ella. También halló a Dante, quien tras la súbita salida de Lucy junto con Ernst, había decidido acompañarlos también. Escondidos a metros de distancia, comenzaron a vigilar la extraña pareja de princesa y demonio.
- Debo pedirte algo. – dijo la reina de Alsacia. – En esta tierra somos gente de tradiciones y que respeta a sus antepasados. Mi marido fue un gran rey, y no soportaría la vergüenza de que no fuera recordado ni conmemorado como tal. Tu primera tarea, y que te la pido imperiosamente, es que cumplas con las ritualidades funerarias de este país.
- Su majestad, haré todo lo posible por que el gran Rey Bastian Krupp no sea olvidado, y cumpliré a cabalidad todos los ritos – respondió el Solar.
Conforme con la respuesta, la Reina le entregó uno de los muchos pergaminos que habían en el despacho del Rey, donde se encontraban en esos momentos. En él estaban contenidas todas las formalidades de la muerte de un regente, e Invictus se propuso observarlas todas ellas: el envío de cartas a toda las familias reales de la zona, el luto de una semana, los cánticos y los rezos establecidos.
- Una última cosa. La noticia del fallecimiento de mi marido comunícala lo antes posible – le pidió la Reina antes de retirarse.
Con una nueva tarea sobre los hombros, se encaminó donde Reik, y le solicitó al Solar del Alba que le ayudara a componer un discurso para informar lo acaecido. Conjuntamente con ello, localizó a Dante, quien se encontraba hostigando a Lucy y Ernst.
En ese juego de preguntas desagradables y silencios que se estaba librando entre el demonio de Doce Dedos y el comerciante del Gremio, una pregunta aparentemente inocente que se deslizó fue respondida afirmativamente.
- ¿Les fue bien en Eisenach? – pregunto Gottlieb
- Si – respondió Dragovic. Y continuo increpando a la pareja.
Cho se quedó vigilando a Lucy, quien era abrazada por el pianista y se veía tan inmóvil que parecían ilusiones, mientras que Dante, Teppet y el recién asumido Rey hacían los preparativos para el funeral.
Tras elaborar y enviar las cartas de protocolo para los demás Reyes locales, los Solares se fueron a acostar. Gath siguió a Lucy y a Ernst y se escondió en la habitación de la princesa, desde donde siguió espiándola.
- Hiciste bien – fueron las únicas palabras que dijo la criatura de docededos a la princesa antes de caer dormidos.
El día siguiente transcurrió entre tramites, espionaje y un ambiente de tristeza general. Alsacia se enteró a la mañana siguiente de la muerte de su Rey y de la ascensión de su nuevo regente. Reik se encontró con el Káiser, y tuvieron conversaciones respecto al ejercito de Eisenach.
Sorpresivamente Willhelm demostró ser un fantástico conocedor de sus tropas, y sus conocimientos rivalizaban con los de los mejores generales de la Isla Bendita. La aparente baja confianza que se tenía el Rey de Eisenach era, al menos en esta materia, infundada.
El Solar de la Noche siguió espiando a Lucy, quien se despidió de Ernst, pues que este se marchaba. En el día no ocurrió ningún evento que llamara la atención del Solar, pero este estaba aun preocupado ante la idea de la Exaltación. El momento había sido crítico, y sin embargo la princesa lo había tomado con absoluta calma. Y yendo más lejos – pensó Gath – su actitud parecía indicar que sabía perfectamente que su padre (o, en realidad, mero padrastro) iba a morir. Esa idea le hacía cuestionarse que planeaba esa hermosa mujer.
En un minuto que tuvo durante la noche, se dirigió a Invictus y le dijo: – ¿Has pensado que quizás Krupp planeo todo esto? ¿Nombrarte sucesor, sabiendo que eras un solar del Crepúsculo? Quería decir que si el moría podrías darle el paso al más allá de forma inmediata, sin rituales. ¿Que aprovecharíamos siete días de tregua para hacer lo que quisiéramos? Por otro lado, que eras el más apto para proteger a Lucy, y quien sabe si de si misma. Podría ser que incluso la misma princesa supiera de esto, pues su actitud parece ser la de alguien a quien la noticia no la toma por sorpresa. Creo que deberías tomar una actitud más activa, y no dejarte estar, en esta ocasión, por toda estas formalidades.
- Soy el rey de Alsacia, y tengo que respetar las tradiciones de mi pueblo. Ademas, la Reina me lo pidió, y no puedo hacer la bajeza de no cumplirle – le respondió.
- ¡Pero piensa, Invictus! ¿Te parece que el Bastian que conociste el ultimo día no era un tipo capaz de idear algo así? Creo que estas cometiendo un error… – y se marcho a continuar espiando a la hermosa chica que era el centro de los problemas.
Esa misma noche, Dante ideo un plan astuto. Ante el hermetismo que había desarrollado la princesa, la abordaría como un aliado en contra de Invictus. De esa manera, ya fuera que lo eligiera a él o eligiera a su futuro marido como alguien en quien confiar, estaría escogiendo a alguien del Círculo. Por tal razón, simuló que sus herreros y su caravana habían sido confiscados por el Rey de Alsacia, y que entre ellos se había producido una separación
Aparentemente la medida no dio resultados, pues la princesa no demostró interés por ninguno de los dos, y la única muestra de afecto que exhibió fue que aceptó salir a pasear con su futuro esposo. Dicho momento reveló que Lucy se sentía a gusto con quien la acompañaba, pero que la idea de pasar una noche con él le molestaba.
- No tiene porque ser aún – respondió un incomodo Invictus. Tener que rechazar, o sencillamente dilatar, esa chance y con esa belleza le parecía un martirio, pero reconocía también que pasarla a llevar en ese tema era algo intolerable.
El día siguiente fue más de lo mismo. Burocracia post mortem, cartas, discursos. El ambiente estaba impregnado de inciensos exóticos para velar a Bastian.
Reik en un momento se apartó para ir a la biblioteca. Ya la había visitado la tarde anterior para ir a buscar mapas, de forma que cuando se reunió con el Káiser las estrategias que planearon fueran más efectivas, pero cuando volvió a ir iba con una razón distinta: la biblioteca era muy antigua, y contenía información respecto a la Primera Edad. En ella habían hallado un libro sobre los Exaltados, criaturas de las que se contaban muchos relatos pero se sabia muy poco. Y en particular, si había información de la Exaltación Infernal, seria ahí.
El castillo de Alsacia había sido planeado inicialmente como una biblioteca, y en torno a ella había surgido el resto del reino. Era consistente entonces que dicha biblioteca estuviera muy nutrida de información Y el libro que habían hallado de los Exaltados, y que había sido quemado parcialmente en esa extraña noche, revelaba información de los Elegidos del Infierno.
Teppet, reconociendo que su capacidad para investigar estos asuntos era limitada, llamó a Dante. Entre los dos comenzaron a revisar el lugar, en particular, la historia de dicha biblioteca.
La información era escasa, pero parecía referirse a lo Salvaje. Habían nombres y referencias cruzadas, pero no hacía mucho sentido, pues faltaban piezas. Invictus, que llegó después de un rato donde los solares del Eclipse y el Alba, les sorprendió con una revelación:
- Probablemente si falta información en la biblioteca, es porque ha sido llevada al despacho del rey. – Minutos más tardes, los tres solares se encontraban investigando en ese lugar.
La fortaleza había sido edificada aproximadamente en el año 700, y había sido construida como una forma de contener lo Salvaje. La biblioteca por su parte había sido investigada por uno de los reyes de antaño, Augustus Krupp, quien misteriosamente había desaparecido tras descubrir el objetivo de la misma. Su nieto, años más tarde, había continuado la investigación, pero había desistido. Todos esos datos estaban en los pergaminos personales del Rey, y por consiguiente, nadie que no hubiera tenido la corona había tenido acceso a ella. O eso era lo que esperaban.
Con toda la información reciente, los solares estaban asombrados. Pero lo que más los asombro fue que tras volver a revisar los nombres de los reyes para continuar su labor investigativa en la biblioteca, uno de los libros que estaban revisando misteriosamente desapareció Al revisar nuevamente, el libro se encontraba en la repisa donde lo había encontrado la primera vez, pese a que nadie lo había vuelto a su lugar.
Extrañados con la situación, Dante dio curso a un arrebato de locura y dio vuelta el lugar, desordenando todo y poniendo a prueba la capacidad de dicha biblioteca de burlarse de él. Asombrosamente al hacer eso, y vaciar los estantes, pudo percatarse de lugar que antes no eran visibles y donde se habían pintado runas antiguas.
Tras limpiar el barniz del estante y dejar al descubierto el texto, dichas runas revelaron ser el sello para frenar lo Salvaje, y constituían lo que había sido capaz de detener y de dar forma a lo Informe.
Gath, que llevaba tres días siguiendo a Lucy, decidió que ya era suficiente, y que si el no hacia algún movimiento, definitivamente Lucy no revelaría nada. Optó por disfrazarse del fantasma de Krupp, y presentarse frente a su hija compasivo pero feliz, haciendo que su hija se conmoviera y le pidiera perdón por haberlo matado. De esa forma la princesa confesaría su crimen, o al menos le daría más pistas de donde aferrarse.
Pero la princesa no creyó el disfraz. De hecho, su actitud de incredulidad era tal que el Solar de la Noche prefirió dejar de hacer el ridículo y se confesó: – Lucy, te queremos proteger. Te he estado siguiendo los últimos tres días…
Al día siguiente los preparativos para la llegada de los invitados se notaban, y ya no solo el ambiente estaba saturado de olores fúnebres, sino que los cantos y los colores eran mortuorios. Todo tenía una ambiente de respeto y sobriedad enormes. Nadie pudo preocuparse del tema de la biblioteca ni pudieron reunirse mucho, pues la muerte de Bastian les exigía todo su tiempo.
En un momento que no fue capaz de determinar, Gath despertó en un palanquín No tenia conciencia de como había llegado ahí, pero si de que su cuerpo estaba mal herido. Se encontraba en un lugar cómodo, donde estaba siendo llevado sin amarras ni grilletes. Al poco rato un curandero abrió las cortinas del carruaje, y lo examino. El solar simulo no haber despertado aun.
Tras ello, miró con sigilo al exterior y pudo percatarse que se encontraba en una comitiva del Imperio Narcés, y que aparentemente marchaba rumbo a Alsacia. Tras ese descubrimiento, volvió a recogerse en el palanquín. Horas más tarde, la cortina volvió a abrirse y apareció Efasio.
- Hola, hola amiguito, no pensé que fueras a despertar tan pronto. Debo decir que fue una total insensatez que fueras a intentar combatirme a mi sin más armas que ese tonto palito – y entro al palanquín.
La conversación era angustiante, y Gath sabia que su vida pendía de un hilo. La misericordia por la que ese maníaco lo había dejado con vida podía acabarse en cualquier momento, y sabía que debía elegir las palabras correctas si quería salir vivo.
- No fui a combatirte por que esté en contra tuya, Efasio. Alguien me controló mentalmente. Me extraña que no hayas notado el hilo de saliva que debe haberme corrido, o que haya luchado como un torpe – ironizo Gath.
- No no, la verdad es que pensé que eras un baboso y un inútil. Mal que mal, es difícil ver como un igual a alguien cuando eres un Dios. – Parecía que Efasio realmente se creía una deidad, y tras seguir conversando le reveló que desde que el Sol Inconquistado lo había dejado, su nuevo maestro le había dado una nueva oportunidad y le había dado esos nuevos poderes.
- Lamento muchísimo que te hubieran abandonado, amigo. Créeme que desconosco que pasó, pero que si hubiera estado ahí, te habría ayudado. Siempre te he querido ayudar, y necesito que tu también me ayudes – le imploro Gath. Este creía que su amigo, su compañero, aun seguía ahí, frente a él, debajo de esa manía y locura que había desarrollado, la que confiaba que de algún modo u otro podría remediar.
Tras seguir hablando, el Solar de la Noche pudo concluir que su amigo había sido abandonado – o así sentía el – en un momento doloroso por el Dios Sol. Que dicho abandono le dolía muchísimo, y que luego había sido tomado y levantado por un personaje desconocido, que le había trastornado y convencido de seguir una nueva misión. Y a Gath le parecia saber de quien se trataba, pero no podía acertar quien.
- Pero solo te dejaré vivir si me acompañas en este manjar. Elije, tu dignidad o tu vida. – le espetó, y lo puso en la disyuntiva de abusar de una inocente niña rubia que había traído, o de morir en sus manos.
Cho intentó desviar el tema, y proponerle que una experiencia más interesante seria volver a combatir juntos, a lo que extrañamente Efasio accedió. Por lo visto, quería ver de que era capaz su antiguo aliado antes de matarlo o seguir con su tortura.
Y en ese momento el Solar recordó ese extraño sueño que había tenido una semana antes, donde era violado y abusado, y que estaba convencido de que era una experiencia que otra persona había sufrido. Y también recordó el nombre de quien lo hacia.
- Perfecto, espero aun estés en forma Efasio, porque vamos a tener que luchar codo a codo para derrotar a Somme – y tras decir Gath esto, algo dentro de Efasio se trizó.
- Claro, porque cuando estemos luchando contra Lord Carlo Somme realmente va a ser una lucha a muerte – continuó el solar de la Noche.
Al oír ese nombre, Efasio se quebró internamente. La locura y el odio que había desarrollado producto de todos esos abusos durante todos esos años se fueron de su cabeza, y las ganas de matar a su compañero cedieron ante el dolor. Una ventana a lo que había sido su vida pasada se había abierto, y eso le hacía sufrir intensamente.
- Efasio, perdona por no haber estado ahí para darte una mano. Quizás el Sol te dejó de lado, pero yo era tu amigo, yo no te dejé de lado y no lo haré ahora tampoco. Créeme, siento tu dolor de haber pasado por eso.
- Que idea vas a tener tú de lo que es pasar por algo así, idiota – le grito el Dios, que ahora parecía un niño herido y lastimoso.
- Lo se, porque también lo sentí compañero. Yo también sentí lo que era ver llegar a ese tipo con su bata verde y su sonrisa de enfermo mental. Pero vamos a vengarnos de él, vamos a hacer que pague por lo que te hizo. Déjame ir ahora, déjame ir y te prometo que le vamos a hacer pagar – concluyo Cho´Gath, totalmente convencido de ayudar a su antiguo camarada, y por quien realmente sufría de que hubiera pasado algo así.
- ¡Si, vamos a vengarnos de ese maricón! ¡Quiero su cabeza! – grito Efasio, y el Solar se marchó rumbo al bosque y dejó al Dios, que le había perdonado la vida.
Al quinto día tras la muerte de Bastian, los invitados comenzaron a llegar al sepelio. Llego la comitiva de Milivia, con su Rey y primo de la reina, Richard Crowne. También llegó el insolente y vulgar cónsul de Saris, Alvaro Barito, con su característica sed y hambre. El sátrapa no concurrió, pero de todas formas envió una corona de flores para el difunto de parte del Reino.
Reik, sabiendo que su influjo mental sobre Joachim Kent estaba por desaparecer, aprovecho la oportunidad para presentase, y al estrechar sus manos renovó la enajenación: al menos por una semana más Cracovia sería aliada de Eisenach.
Las malas noticias empezaron a llegar por parte de Blitz, quien en esta oportunidad actuaba como embajador de su nación. Le comentó a Teppet, en un lugar privado al que se dirigieron, que la situación en la capital era crítica. La gente se había enterado de la salida del Káiser ad portas de una guerra y lo trataban de cobarde, pero ello era solo una minucia. Lo realmente grave era que los caminantes de guerra no funcionaban.
Reik no entendía mucho de su funcionamiento, pero como oficial sabía que perder esa fuerza de combate era equivalente a perder de antemano la posible guerra. Por tal razón el Káiser debía volver a la capital de inmediato.
En otra parte, y mirando el horizonte, Dante pudo ver un granero en llamas. Esa contraseña, establecida por el Círculo, significaba que algo malo y grave había pasado. El Solar del Eclipse concurrió, y se encontró con Gath, quien llamaba a sus aliados para comunicarles de la terrible situación: Lucy lo había enviado a morir, se había encontrado con Efasio y este venía hacia acá
Idearon un plan, pero la verdad es que de poco iba a servir. Los eventos que tenía preparada la suerte para ese día eran malas, y aquellas eran solo la primeras que recibirían, ya que al poco rato un mensajero se acercó, pálido y temblando, donde Invictus.
- Su majestad, vinieron.
- ¿Quiénes? – pregunto un desconcertado Invictus. Esperaba que llegaran todas las delegaciones, y no veía nada de alarmante en ello.
- Ellos su majestad. Ellos…. los del imperio narcés.
Al acudir al salón principal, pudo ver una escena aterradora. En la entrada de su castillo, escoltado por un almirante despiadado y un guerrero tigre, se encontraba el deifico y maniático Efasio. Y sus ojos libidinosos miraban a Lucy, quien se había plantado en el centro del salón, a confrontarlo.
- Una presa muy hermosa tienes acá, Rey de Alsacia. Creo que esta vez podría hacer una excepción. Una joyita pasada de años. Podría perdonarte tu reino por ella.
Invictus avanzó, convencido, y le tomó la mano a Lucy. Sentía el terror de ella, pero el estaba dispuesto a calmarla y acompañarla. Efasio siguió.
- Mira, déjame tenerla un ratito – dijo con sus gestos dementes – y les perdono la vida a todos. Sino, los hago arena… a Todos en esta miserable tierra. Ya, ahora correte para dejarnos solitos – como si quisiera minimizar y hacer de la escena algo pueril.
Invictus sabía de la capacidad de ese loco, y dio un paso atrás. Efasio siguió avanzando, y todos desviaron la mirada. Esperaban que saciado ese maníaco sexual efectivamente les perdonara la vida, aunque para eso tuviera que pagar el precio la Princesa del Reino.
Llego al lado de ella y comenzó a acariciarla. El rostro de seguridad que antes mostrara Lucy se desfiguró, y se volvió franco terror. Cuando la mano de el dios bajo del cinturón de la chica, ella solamente cerro los ojos y se puso a balbucear como una niña. Efasio se regocijo en ello.
Pero había alguien que no iba a permitir que Lucy fuera ultrajada. A quien calculaba la vida en números y le importaba más la pureza de su amada que la muerte de cien personas o todo un reino. Arne Friedrich avanzó vistiendo su valor, su armadura con los colores de Alsacia y su hombría a pesar de su cuerpo mutilado, a detener al ser más poderoso que había en esa habitación. Al ver Efasio eso, sacó sus manos de la chica y de un simple aplauso volvió al Paladín de Alsacia simple estatua de arena. E incapaz de mantener la forma, dicha arena cayó y se desparramó en el suelo.
Nadie atinó a que estaba ocurriendo. En un instante la situación, que era de una tensión absoluta, cambió a una tristeza indescriptible. A nadie fue indiferente el gesto de heroísmo de Arne, que en el último momento de vida les dio a todos una lección de gallardía y que ese mismo hombre, por su valor y la cobardía de los demás, había muerto.
Unos instantes despues, y que pareció durar horas, ese silencio y consternación se rompió, y fue con el llanto de la muchacha. Lloraba por haber perdido a quien realmente la amaba, la persona que había dado la mayor muestra de amor por otro: el dar la vida. Y si su voz al cantar había sido hermosa, su llanto al sufrir atravesaba hasta el hielo.
El canto de dolor que era su llanto encendió otro corazón, y otro hombre se abalanzó, envalentonado por el alcohol, sobre Efasio, no a detener sus abusos sino a darle una paliza.
- Vas a pagar lo que le hiciste – gritó Alvaro mientras se lanzaba a la carga. Efasio, con sus reflejos perfectos, lo vio venir y nuevamente aplaudió para convertirlo en arena. Pero su magia no resultó, y el puño del bárbaro de Saris le dio con todo el hocico del Dios.
Al ver esto, el ambiente se volvió un caos. Todos se sintieron envalentonados y quisieron aprovechar la oportunidad. Nélson Astorga intentaba detener la masacre que se iba a librar, al mismo tiempo que Franco Alonso protegía a Efasio, quien sin sus poderes parecía un “blanco fácil”. Al mismo tiempo, Invictus dudaba que hacer y finalmente se decidió por sacar a Lucy de ese lugar, donde el peligro era inminente.
En el patio interior, finalmente el Círculo pudo reunirse. Cho se encontraba con el Rey por primera vez desde que fuera atacado por la princesa, y reaccionó desenmascarando a la Princesa frente al Solar músico. Esta se sintió aun peor, y se marchó a su habitación.
Invictus subitamente reaccionó y descargó su enojo con la persona que más al alcance tenía y más debil se encontraba, que era el Solar de la Noche, y tras esquivar el ataque este le reprochó que no se portara como un niño, porque todo esto venía arrastrándose por una serie de malas decisiones, donde el había tenido un rol protagónico. El del Cenit no fue capaz de afrontar esto, y se retiró. En esta oportunidad las palabras del Solar habían atravesado la coraza que su amigo se había construido, y aparentemente había decidido actuar.
Invictus partió en dirección donde Lucy, pero la misma fuerza que días antes había arrastrado a Cho a luchar contra Efasio lo repelió de la habitación. El rastreador había previsto esto, por lo que secretamente había seguido al Solar de la guitarra, y avanzó a camino a la puerta de la muchacha, sin embargo la gravedad de sus heridas y el nulo tratamiento que habían recibido estas hasta entonces lo hacía especialmente torpe, sin contar con el hecho de que permanentemente Invictus volvía a caer bajo la extraña fuerza que lo controlaba e intentaba apresar a su amigo para que se alejaran de ahí. Eso hizo que el tiempo hasta que llegaron al dormitorio y pudieron percatarse de que Lucy había huido fuera extenso.
La siguieron, pero la muchacha era hábil e intentaba perderlos por los pasillos. Finalmente llegaron a las caballerizas, donde todas las monturas estaban muertas, y la damisela solo había perdonado a aquella en que había huido. A campo traviesa, con Lucy montando y ellos a pie y cayendo víctima del extraño dominio mental, la tarea se hizo imposible.
Reik, Ezreal y Dante escoltaron a Blitz en dirección al Káiser, pero en el camino se encontraron con Invictus y Cho que volvían derrotados de su intento de persecusión. Dicho sentimiento era en realidad compartido por todo el Círculo: la muerte de Arne, la desaparición de Lucy, la incertidumbre de que estaba haciendo Ernst, el conflicto en Eisenach y sus caminantes de guerra deshabilitados. Y, para terminar, el encuentro con Efasio, el que había resultado horrible. Las cosas habían funcionado los últimos días para los Solares, pero esas ultimas veinticuatro horas habían sido desastrosas: era hora de sacar fuerzas de flaqueza y enfrentar los problemas, o sucumbir ante ellos y rendirse.



